Nuevo formato llega a la plataforma de lanzamientos de Caracol, y no puede faltar a nuestra cita con “Lo bueno, lo malo y lo feo”. Es el turno para Q’viva, the chosen, el programa de búsqueda de talento panregional presentado por Jennifer López y Marc Anthony:
Lo bueno de Q’viva the chosen
Un cabezote impactante, que te atrapa desde el primer momento. Vi calidad en las imágenes, las cortinillas y en el trabajo de edición. Hay calidad en actos admitidos en el primer episodio como el del grupo de capoeira de Brasil, los bailarines de salsa de Cali, el guitarrista chileno, el malabarista guatemalteco; el grupo de danzas gauchas y la pareja de bailarines de tango, ambos de Argentina.
Lo malo de Q’viva the chosen
El español de J-Lo da entre risa y pena ajena. No es muy claro a donde conduce todo el proceso, y qué tan sostenible será al largo plazo. No faltaron las alusiones a videos de audición horrendos. Suena un tanto fingida la “sorpresa” de los elegidos en cada etapa. No vimos con mayor detalle el porqué el grupo musical de Puerto Rico clasificó ¿O sería solo por el origen de Marc Anthony?. Y ni qué decir de la prescindible historia telepornomiserable de la cantante nicaragüense (que vocalmente tampoco era nada del otro mundo), que fue la primera en ser rechazada. Fue un tanto abrupto ver el porqué no fueron incluidos un grupo de danzas peruano, un guitarrista salvadoreño, y otro de serenatas (aunque, con lo visto, cantaban fatal). Los participantes elegidos de México no me convencían del todo. El papel del tercer jurado, Jamie King es gris. La polémica por las gemelas puertorriqueñas fue innecesaria, era solo por darle morbo y una tensión sexual algo ridícula al programa
Lo feo de Q’viva the chosen
Llega a ser cansón la lectura de subtítulos con lo que dicen los “jurados”. El spanglish forzado es fastidioso. Fue totalmente innecesaria la alusión a la separación sentimental entre Jennifer y Marc.
Pronóstico: Una alternativa fresca para la cada vez mas deprimente programacion sabatina nocturna, es la que ofrece Q´viva , superando el olor a naftalina de Sabados (in)felices o las toneladas de manteca del canal rival.
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