Caso Colmenares en Netflix: Historia de un crimen

Quise ver el nuevo lanzamiento de Netflix (que por segunda vez entra en nuestros reviews), pero no desde la perspectiva amarillista de un magazín de domingo, ni de la que copó por muchos años los titulares de la prensa nacional, sino como producto de ficción basado en un caso real. Me interesaba, más allá del resultado, ver si valía la pena ver estos ocho capítulos que narraban desde los prolegómenos de aquel fatídico Halloween del 2010 hasta el tiempo presente, cuando la vida de la familia de Luis Andrés Colmenares Escobar cambió para siempre. Vamos por partes: por un lado hablemos de los recursos narrativos, por otro el de los personajes y por último veamos si vale la pena verla.

La escena inicial fue ver a este Colmenares (Sebastián Osorio) correr huyendo quien sabe de qué o de quien, en una oscuridad que lo invade todo. Esa será la clave de todo este thriller. Incluyendo todos los flashbacks que nos ponen en contexto la historia, como el origen de esa fatídica fiesta de Halloween, y los sentimientos de discriminación que pudieron rondar en la mente del mismo Luis Andrés poco antes de morir. Y es que la serie logra, casi sin querer, que veamos a varias Lauras Moreno: una, fría como un iceberg con Luis Andrés al comienzo, otra, que se aprovecha de cierta forma de él, y luego una que queda atrapada en el maremágnum de la tragedia, como una hoja en un vórtice de viento, paralizada, estigmatizada ante todos que la juzgan como poco menos que una “perra”. Porque versiones fueron y vinieron en Fiscalía, incluida la escena de su fuerte enfrentamiento con el Fiscal, confrontada con las fotos del cadáver de Luis Andrés, para mí, una que demostró que en el casting de la actriz que la representa, acertaron.

¿Estaba Luis Andrés en un ambiente que no era el suyo? Con eso se juega durante muchos de los ocho capítulos, sino en todos, con mayor o menor sutileza. Era evidente que Luis Andrés ansiaba la atención de Laura, y tal vez ese beso esquivo de ella en aquella fiesta de disfraces es el detonante de todo lo que vivimos. Especial atención debe prestársele a esa escena, pues marcará parte de la reflexión final de Laura al final de todo el juicio.

Por su parte, Carlos Cárdenas es un personaje que se dibuja en la trama como “el enemigo que amamos odiar”. Su presencia pulula en el ambiente como un fantasma del pasado de Laura que, al parecer, no está dispuesto a irse…o que ella tampoco desea que se vaya. Hacia el quinto episodio, no faltará el espectador que hasta le desee lo peor. En ese sentido, el personaje de Juan Pablo Urrego también logra un cometido: que permanezca el espectador con las ansias de saber cómo se libra de todo esto. Y créanme, hubo razones de peso para ello. Pero no las voy a spoilear aquí.

De la fiesta de Halloween de niños de papi y mami introducimos el personaje de Jessy Quintero, otra que terminó involucrada en toda esta trama, pero que la serie muestra no como la amiga alcahueta de Laura (de hecho, su relación en la serie se muestra hasta hostil en buena parte de los episodios, solo remontando en el último), sino como alguien que legítimamente perdió en su vida al mismo Luis Andrés. Sea o no un recurso o licencia creativa, me pareció bien logrado.

La escena clave del puesto de perros calientes, cuando Luis Andrés sale corriendo, rumbo a su triste final en el caño el Virrey, fue puesta en relieve con el paso de las muchas versiones, ciertas o no, que se enlazaron durante la serie. Porque también hay ese componente: no solo las historias de los implicados en la trama, sino también la de los testigos falsos. Pero de eso hablaré más adelante. Surgen así los interrogantes de cómo llegó Luis Andrés a ese caño ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Es Laura una cómplice de un macabro crimen o la testigo impasible de un triste accidente?

En el plano actoral, el grueso del drama recae en Fabiana Medina como Oneida Escobar de Colmenares, la angustiada madre de Luis Andrés. Para mí, fue una excelente elección de casting. Supo mostrar, sin sobreactuaciones, el dolor de una madre por la pérdida de su hijo, y su incesante búsqueda por justicia. Y miren que en mis críticas es difícil encontrar que haga esta clase de concesiones. Es ella la que trata de servir de cohesión a una familia Colmenares que queda rota por dentro desde este momento de la trama. Con un padre de Luis Andrés que, primero ausente, y luego como víctima furiosa, emerge también como un papel a tener en cuenta. Y luego queda Jorge, el hermano de Luis Andrés, que luego será determinante en parte del rumbo que tomó la investigación, cuando entra Cárdenas en el proceso.

El papel de Oneida es crucial en toda la trama. Su búsqueda de respuestas le llevará de despacho en despacho por saber qué sucedió. Así, dimos paso del primer fiscal del caso (interpretado por Jairo Camargo) al que sería determinante en el (puedo decir) fracaso del caso: el fiscal González, personificado por Enrique Carriazo. Aquí si debo hacer un punto y aparte. Muchos pueden cuestionar a Carriazo por sentir que se repite en sus personajes, y tal vez, tenerlo al aire en La gloria de Lucho afecta, por cuestiones de timing, a la percepción de su personaje en esa serie, como ese fiscal dicharachero y que termina perdiendo los papeles, aceptando testigos falsos en el caso, hiriendo de muerte la investigación. Pero creo que era la mejor selección histriónica para representar al personaje real.

Mientras en otro thriller como Twin Peaks, muchos querían saber qué había pasado con Laura Palmer, a la Laura de Colmenares le terminan apuntando muchos dedos acusadores. Y con ello, hace su introducción el “fantasma” de Colmenares. En este punto me pregunto ¿Tan difícil fue encontrar un actor de tez morena bueno para el papel, que tuvieron que maquillar hasta la saciedad a uno de tez clara como Osorio?

La escena del entierro de Luis Andrés fue muy bien lograda, con una fotografía impecable, aun con una lluvia no tan convincente como la suya. Porque el agua es también otro hilo conductor de la trama. Es el agua el medio con el que Luis Andrés hace saber, desde el más allá, que las respuestas estaban en su cuerpo. Es con la lluvia que se manifiesta en ese parque “maldito”, cuando todo empezaba a torcerse para los Colmenares. En este punto de la trama, nadie es tan verdaderamente culpable o inocente de lo ocurrido.

Los medios en la serie se ven como una dinámica que juega tanto a favor como en contra del caso. El personaje de Julián Román como el periodista que da pie a la historia en los medios y que termina siendo catalizador del desenlace del caso, aun a costa de su propio matrimonio, es un excelente recurso de la serie. Es este periodista quien le da la palabra a una Laura a la que todo el mundo acusa y a una Jessy que se ve vulnerable. Es este el que apunta a la depresión al interior del túnel del caño como una hipótesis viable para explicar qué pasó. Fue su labor contrastado hechos la que sirve para quebrar las tesis de la Fiscalía. Su escena queriendo acercarse a Oneida es crucial, pues desde allí entiende que la madre guajira piensa más en su tesis que en aceptar que tal vez las cosas pudieron pasar de otra manera.

Otro recurso es el de las luchas entre los amigos de Luis Andrés, a los cuales los quiebran los interrogatorios, exacerbados desde el hallazgo de la carta de Luis Andrés a Laura, quien en un momento de la trama opta por mentir en torno a su relación con Colmenares. En este punto, la pueden percibir con otra faceta, la de una especie de Helena de Troya que se hace odiar fácilmente. Incluso, debo decir que hasta me alegré de su captura en la trama y de cuan mal la pasó.

No podemos pasar por alto el despliegue de abogados en este caso. Tanto por el lado de los procesados como por el de los Colmenares. Yo que soy muy crítico del punto de vista legal en las bioseries, creo que aquí lo lograron mostrar de la mejor manera. O al menos, de una forma creíble. Nada como el despliegue de poder de Cárdenas, hacia al quinto episodio, del que es claro protagonista. Pero desde el sexto, todo empieza a torcérseles a los Colmenares. De hecho, aunque crea que este es el episodio más flojo de los ocho, tiene escenas radicales como el reencuentro entre Laura y Cárdenas o el retiro del Fiscal del caso, por haber introducido testigos que fueron hábilmente desacreditados por los abogados defensores, queja de su asistente mediante.

Es este el comienzo de muchos reveses que sufren los Colmenares, y que desembocaron en las absoluciones de Cárdenas, Moreno y Quintero, propias del endeble andamiaje probatorio de la Fiscalía. Para nadie fue un secreto que Fiscalía y parte Civil tuvieron sendas divorciadas desde el séptimo episodio, y ni la entrada de una nueva Fiscal ayudó para salvar la desacreditación marcada del caso por el enorme daño que hicieron los testigos falsos. La ambición del fiscal en volver el caso Colmenares un caso de lucha de clases o hasta con un componente racial se lo terminó de cargar.

En el final, vimos desplomarse cual castillo de naipes toda la teoría del caso de la Fiscalía, y con ellas, las esperanzas de los Colmenares de hallar justicia. Pero en realidad, en este caso perdieron todos: La familia guajira perdió a Luis Andrés. Laura, Jessy y Cárdenas, su vida normal y su tranquilidad, a pesar de sus absoluciones. El Fiscal, su puesto y su reputación. El periodista, su matrimonio. La Fiscalía, un caso. Pero creo que los espectadores ganamos una buena ficción bien contada en ocho episodios y no en un sainete infumable de 60 capítulos en algún canal privado ¿Debe ser el retorno de nuestra televisión a series como El Cuento del domingo? Tal vez quien tome ese testigo es Netflix.

Una última reflexión: ¿Hasta dónde un crimen que se vuelve mediático condiciona nuestra visión de los hechos?