La gloria de Lucho contra Yo soy Betty La Fea: duelo aspiracional

El dia del estreno de La Gloria de Lucho tuvimos un duelo inusual. Inclusive, entre hermanas (Verónica Orozco por Caracol, Ana María Orozco por RCN) Por una parte, RCN hacía un enroque de horario entre La ley del Corazón 2 y se lo asignó a la ¿cuarta? repetición de Yo soy Betty La fea, mientras que con La gloria de Lucho, Caracol volvía a las andadas de ser un canal con telebobelas aspiracionales. La senda ya la trazó Televisa por años, y el culmen de semejante atentado televisivo fue El premio mayor (1995/96) y luego Telefe con Los Roldán (2004/05), esta última adaptada en Colombia con Los Reyes, producción esta última con la que, irónicamente, comparte el protagonista masculino. Lo dicho, nuestro star system criollo no más de sí.

Tras ese final tan soso y predecible de Loquito por ti (sí, Caracol, usar el recurso de “Días después” solo se puede hacer una vez en un episodio final, no tres, y #MVM esos supuestos 16 puntos que logró su final), era clarísimo que en Las Américas querían neutralizar este nuevo lanzamiento de los del molusco, aprovechando el tirón del fenómeno fan que suscita Betty, aun casi 20 años después de su lanzamiento. Pero el mundo (y el mismo canal) no es lo que era hace 20 años. Y eso demuestra que en RCN no hubo el relevo generacional en el equipo creativo del canal. La ley del Corazón 2 ya dio todo de sí, y lo mismo Betty. Y aun así, esta última marcó poco más de 7 puntos de rating, más que cualquier producto de los dos últimos años a las 10 de la noche. Este cambio podía ser una jugada que saldría mal y terminar hundiendo a ambos productos de Las Américas, pero sorprendentemente, hasta mejoró las cifras de Betty.

Tanto que criticamos que las telenovelas mexicanas o venezolanas por años fueran casi “de molde”, con la niña pobre enamorándose del chico rico, pero nuestras bionovelas nacionales son iguales o peores, con pobres caricaturescos pero “echao´s pa´lante”. Si la idea es que Carriazo se viera bien ñero, lo lograron. Básicamente porque, como dijera Jorge Usma, Carriazo es el Adam Sandler criollo, se repite a sí mismo en cada personaje. Es muy tenue la línea divisoria entre un Edilberto Reyes a su actual personaje, aun con lo bien construido que le quedó. Pero su conflicto con Everardo Porras (Luis Eduardo Arango) se vio postizo, y la escena en que se dio el resultado tampoco sonó creíble, sobre todo, porque, en la vida real, tan temprano no se conocen los datos del escrutinio de una corporación tan grande como el Concejo de Bogotá (que tiene 45 ediles), y menos en un porcentaje tan alto.

De otra parte, el debut de la producción de la Floresta fue la suma de todo los clichés de una bionovela de este canal: el flashback que ya estamos hasta la coronilla de ver (Rafael Orozco, el ídolo, Los Morales, Tarde lo conocí, por solo citar algunos), donde pasamos del festejo por la victoria electoral a las infancias de Lucho y de Gloria en los setentas ¿En qué nos aporta, a efectos del “entretenimiento” – la excusa barata del comité de aplausos de Caracol para justificar estos productos-  saber de ese padre maltratador de Lucho? ¿O esa infancia menesterosa de Gloria? Parecían una larga publicidad de bajo presupuesto del ICBF.  Y ni habar de esa musicalización atosigante que le fascina a los del molusco. Parece Musidramas. No se entiende cómo si al pequeño Lucho le iba bien en las calificaciones, el personaje adulto era tan mal hablado ¿Exceso de correa del papá?

Lo de la lotería que gana el papá de Lucho, la subsecuente fiesta (que parecía una pollada peruana) y luego, el trato déspota del papá de él, mientras la pequeña Gloria trataba de sacar a sus hermanitos adelante, y luego, Lucho desertando del colegio y volviéndose reciclador, justo en el momento en que se encontró con la que sería el amor de su vida fue un recurso tan telepornomiserable como aburrido. Oh, el niño dándole a la niña la propinita de la señora rica para que tenga qué comer. Y encima, la pequeña Gloria se lleva regaño. Me lo estoy pasando bomba… qué divertido ver a un niño pepenador, mientras su papá, ganándose una lotería, se da la gran vida gastándosela en mujeres de la vida fácil. O mientras una niña sacrifica su infancia cuidando a sus hermanitos y buscando sobras de comida. La escena donde Lucho y su mamá descubren al padre de éste con otra mujer fue de bazar de colegio. Sobre todo con esa dignidad inexistente de la mamá de Lucho. Y en este contexto, Lucho huye y descubre la dureza de la calle.

Por lo visto, la veta que va a explotar Caracol en estos primeros capítulos será la de generar lástima con las vicisitudes del elenco infantil. Igual, el comentado “comité de aplausos” de Caracol solo tiene que darle RT a los comentarios en redes de la gente pendeja que les traga el cuento. Con 25 personas de su “bodega” comentando a tope en esas cuentas que parece que no sigue ni Dios, inflan el ego de un canal cuyas “victorias” ya cansan. O en este caso, aburren hasta a las piedras.  Porque eso me produjo La gloria de Lucho: aburrimiento puro y duro. Ahí sí saco la Nohra Puyana de Pastrana que muchos llevamos por dentro, y parafraseándola, no hay nada más difícil para una persona de escasos recursos que estar sin plan de lunes a viernes por la noche. Muchos de nosotros podemos refugiarnos en Netflix.                                                                                                                                                                                                                                                 

Lo interesante de este proceso es ver que, mientras la crisis de RCN puede empezar a amainar, los de la Floresta todavía gozan haciendo guisada tras guisada. Incluso, hasta los juguetes rotos de su canal terminan recalando en el rival y allá son “exitosísimos”, así, entre comillas. Porque eso terminó siendo Luis Eduardo Díaz Chaparro, el tristemente célebre “Concejal Lucho”, quien por cosas del destino, terminó siendo edil de Bogotá en los albores del milenio, pero su paso por la política fue flor de un día: una fulminante destitución e inhabilitación por 13 años y tres meses (que ya terminó) y luego, una quemada electoral en las elecciones de Congreso del 2018. En el entretanto, Lucho participó en La Isla de los famosos (2004) y luego en Lucho y su gloria, una suerte de reality show de su vida, de ingratísima recordación en el canal de las tres letras, porque fue un fracaso de rating y en crítica, ah, y terminó vendiendo empanadas. Y por lo visto, su dignidad, de paso, para darle luz verde a este esperpento #LoQueSeHaceParaTragar

Claro, Caracol nos venderá su trama lo más telepornomiserable y edulcorada posible, a ser posible, omitiendo referencia alguna al canal rival,  y el nuevo inquilino del horario de las 9 de la noche en La Floresta será una suerte de Ceniciento moderno, el ideal para que olvidemos que políticamente no hizo prácticamente nada diferente a hacer el oso en la entidad de control político, o que hasta fue un “puyaojos”  más de Germán Vargas Lleras en su pasada campaña presidencial. Sí, igualito que hicieron los de Caracol.Sí, sigamos haciéndole bionovelas a cualquier muerto de hambre, que la dignidad televisiva colombiana está ya al nivel del betún. Por ahora, aun con unos tibios 12.45 puntos para La Gloria, se siente en el aire un aroma a orgasmo de focas. Pero Betty sabe bastante de maquillar cifras. No lo olviden…

1 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1573283
2 http://www.lalenguacaribe.co/lucho-el-concejal-embolador-de-botas-que-aspira-a-la-camara/
3 https://www.semana.com/gente/articulo/el-show-diaz/78064-3
4 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12435454
5 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1264706
6 https://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1255309
7 https://www.lafm.com.co/politica/lucho-diaz-el-embolador-concejal-el-nuevo-apoyo-de-vargas-lleras