Manual para hacer feliz a la competencia [Manual para ser feliz]

El horario de las 8 de la noche se ha vuelto un quebradero de cabeza  para un canal RCN que sigue dando palos de ciego buscando la ruta hacia el buen rating. Desde el final de la primera temporada de Masterchef (2015), han vivido casi que permanentemente a la zaga de sus rivales de patio. Esta vez, dejan de insistir con propuestas de telerrealidad que luego no ve ni Dios (Exatlón Colombia, Mi familia baila mejor o Más lejos, más cerca), y vuelven a las ficciones. Lo malo es que RCN da tanta pena ajena, que en vez de optar por una producción nueva, tiene que tirar de los productos que pasaron sin pena ni gloria por el malogrado proyecto de Mundo Fox.

En el perfil oficial de Manual para ser feliz, se dice que:

“(…) Juan es un contador que hace 10 años trabaja en Etichetta Due, gracias a Daniela, que en ese momento era su novia y trabajaba como secretaria de Osvaldo, el dueño del lugar. Por su carácter débil y confiado Juan siempre ha sido el hazmerreír y el chivo expiatorio de la oficina. Su único amigo ahí dentro era Eduardo, hasta el día que lo encontró teniendo sexo con Daniela, la mamá de sus dos hijos.

A raíz de este lamentable incidente, Juan se fue a vivir a un pequeño apartamento y allí decidió que era mejor no tirar por la borda su antigüedad porque carecía de ahorros y los gastos, entre el nuevo alquiler y la manutención de sus padres y sus hijos, no le dejaban demasiado margen de acción. Así que se convenció de presentarse en la oficina como siempre, resignado a ver juntos a su infiel mujer, a su amigo traidor y a sus demás compañeros maltratadores.

Una tarde, cuando Juan se había dado cuenta que era un verdadero Infeliz, salió del trabajo a vagabundear por las calles de la ciudad y husmeando en una librería, se encontró con un libro que llamó poderosamente su atención. Se trataba del último ejemplar del “MANUAL PARA SER FELIZ, 50 recetas infalibles para lograr la felicidad”. En su interior, se hallaban cientos de recetas, reglas prácticas, ejercicios, consejos, premisas, directivas. Juan no pudo con la intriga de que –mágicamente- la lectura de un libro pudiera cambiar su realidad y lo compró. Semana a semana, Juan irá leyendo y poniendo en práctica cada uno de los capítulos del libro y viendo las caóticas consecuencias que tienen sobre su vida, pero que también lo llevará hacia el camino de la autovaloración y del amor verdadero, porque dentro de la oficina hay una mujer que si bien no trabaja allí, es más importante que el propio dueño de la fábrica: Luisa Sanz, la joven dueña de una de las cadenas más importantes de ropa del país.

Osvaldo está embelesado con Luisa, perdidamente enamorado de su cuenta bancaria y quiere hacerla su mujer. Por supuesto, Luisa no tiene el más mínimo registro de la existencia de Juan. Jamás lo ha mirado y ni quiera sabe qué cargo ocupa dentro de la fábrica. Pero de a poco, a través de los sucesivos cambios que irá realizando Juan y que inevitablemente, por sus torpezas, muchas veces pondrá en riesgo la continuidad de Luisa como clienta hará que ella comience a mirarlo y hasta comience a interesarse en él. Ella encontrará en él, el sentido común, la simpleza, la honestidad y el amor verdadero. Juan encontrará en Luisa un espejo que le devuelve una mejor imagen de sí mismo, que le da confianza, que lo incentiva a ser cada vez mejor y que por supuesto, gracias al amor que se va construyendo entre ellos, lo va acercando cada vez más a la felicidad (…)”

En cristiano, otra muestra patética de lo bajo que ha caído el canal de las tres letras, porque, a diferencia de otras tragicomedias de oficina como Yo soy Betty la fea, Manual para ser feliz es una producción que no ha sabido envejecer bien. Hasta se le nota que fue hecha en 2013 (si se fijan bien en el episodio debut, hay una escena donde se lee “Calendario Tributario 2013-2014”). Y lo peor, es que parece un copy-paste de muchos productos coetáneos, como Amo de casa (sí, la telebobela excremental esa), del cual adapta la estructura del protagonista loser, la esposa femme fatale y la protagonista hada madrina y bueno, los hijos de él, casi calcaditos, solo que aquí son dos y allá eran tres. Lo que pasa es que Katherine Porto es pésima actriz, apesta realmente, no sé cuantas producciones más se necesita tirar la Mujer de Lot por antonomasia para que por fin deje de insistir con la actuación. Ya solo por eso, Manual para ser feliz está condenada al fracaso. Por su parte, la canción del cabezote parece de esas de cualquier telenovela argentina, pero de las malas.

Otra muestra de lo mal que ha envejecido la telenovela, son muchas de las cosas que vimos en el primer episodio: ¿Impresoras de punto? ¿Pagar recibos en un banco? ¿Gente usando celulares Blackberry ®? ¿Uga- Uga? Si hay algo peor que las sobreactuadas gritonovelas de oficina de Caracol es ver a RCN haciendo su pequeño remix barato de productos como Pocholo, La teacher de inglés o El Secretario, de dispar suerte en la competencia.

Del elenco, Marcela Mar (Luisa) es como Stephany Cayo en la última de las citadas. Andrés Suarez luce muy poco convincente, y el típico error de rotación de elencos: ahora vemos a Rodrigo Candamil como el dizque mejor amigo del protagonista que en realidad se le estaba comiendo a la esposa a las 8 p.m. y como abogado a las 9 en La Ley del corazón 2. Lo que tiene no saber descongelar bien los productos. Bueno, en esto, la errática política de programación de los de Las Américas es como una foto instantánea: quedaron como quedaron. Del resto, mejor correr tupido velo…

¿De verdad alguien cree que con este producto tan estúpido pueden competir con el (sobrevalorado pero aun así) arrollador Yo me llamo? Los conflictos de Etichetta Due son tan predecibes, que creo que en Yo y tú pudieron haber funcionado, pero no en 2018. La escena de la broma del café sobre la lista de precios es realmente un insulto a la inteligencia de los (cada vez menos) televidentes de RCN.

Del episodio debut, una de las escenas peor logradas fue aquella donde Juan (Leguízamo) descubre la infidelidad de su esposa con su supuesto mejor amigo y colega de oficina. Fue la suma de las frases más clichés posibles en lo que a infidelidades se trate: “No es lo que estás pensando”, “Te juro que no sé lo que pasó”, “La carne es débil”. Vamos a asistir al quinto centenario de las tres, a cual más trillada. Lo peor fue lo poco convincente que fue la salida de la casa de Juan ¿O sea, ella es la infiel, la que ha fallado, y es él el imbécil que debe irse? ¿Hay quien se lo crea? Para más inri, el hueco donde se va a vivir él me recuerda lejanamente el sitio espantoso donde vivía el protagonista de El Secretario nada más llegar a Colombia. De verdad, la subtrama de tener que seguir viendo en el trabajo a su ex esposa y al hombre con el cual él la engaña estuvo muy mal utilizada.

Ni hablemos de la forma como llega el manido manual para ser feliz a manos de Juan ¿En qué cabeza cabe que alguien entra en una librería de la nada con una caja de discos viejos de Sandro, la deja por ahí y el libro llega a sus manos con luz divina, y aunque dice que no tiene un peso, decide comprar el libro porque sí? O cuando Luisa (Mar) le propone a Juan que sea su infiltrado en la empresa de su proveedor, de la cual sospecha que se están aprovechando de ella ¿No es más fácil proponerle trabajar con ella? Solo destaco la voz en off de Margalida Castro como lectora del libro. Casi como la Tía Chabela de Yo amo a Paquita Gallego, pero sin apariciones.

Igual, da lo mismo. RCN no merece ni un poquito de nuestra lástima. Teleset le produjo tremendo ladrillo a este canal, y bueno, acudiremos al enésimo fracaso de los de las tres letras en el horario prime time. Para terminar de hacerles spoiler, les resumo los 90 capítulos de este bodrio en pocas líneas: Juan y Luisa se enamorarán y él rehará su vida, dejando de ser un perdedor y ambos llegarán a ser felices y comer perdices. Más previsible que episodio del Chavo del 8. Tanto como su fracaso frente a sus rivales de patio, que prácticamente quintuplican su rating.