Garzón, novela de m…

Garzón, la telenovela de Jaime Garzón es como una dieta en diciembre: ni bien ha empezado y ya está condenada al fracaso. Secretamente, más de uno espera que en su debut fracase rotundamente,  a la semana le recortan tiempo y al mes está siendo desplazada por el siguiente fracaso del odioso Canal RCN.

Yo me pregunto ¿Por qué otra bionovela? ¿De verdad la única forma de “homenajear” a un personaje fallecido es convertir su vida en un culebrón infumable de lunes a viernes su vida, con “licencias literarias”? Más aún si se considera que Jaime Garzón es un personaje que para los de Las Américas no le es conveniente rememorar, teniendo en cuenta que cuando él trabajó en la competencia.

Santiago Alarcón pedía en redes sociales que viéramos la telenovela antes de juzgarla. Pues bien, fieles a nuestra tradición de ver el episodio debut, debemos decir que lo único bueno de la telenovela fue el cabezote, porque del resto, la escena inicial, con Garzón personificando a Heriberto de la Calle en un descapotable rumbo a una presunta entrevista, y sin solución de continuidad, casi echándole los perros a su entrevistada.

¿Esto lo editaron a la topa tolondra? ¿En qué aportaba a la trama si Jaime “volvía a sus andanzas” con las mujeres? ¿Y  así lo muestran como víctima de unas chuzadas, que solo muestran conversaciones dignas del hombre más mujeriego del mundo?

Creo, sin lugar a equivocarme, que este no era el enfoque más acertado para este personaje, supuestamente amenazado por paramilitares.

Las actuaciones femeninas del episodio estuvieron flojísimas todas, en especial las de Zharick León y Laura Perico. Y la mesa de trabajo de la emisora (asumimos que es Radionet, donde trabajaba Garzón antes de morir) tampoco fue creíble. Le falta mucho a Carlos Barbosa como un pretendido Yamid Amat (aunque aquí no quieren usar nombres de personajes, como el del presidente de turno, que era Pastrana, aquí llamado “Santiago Villegas”).

Más adelante en ese almuerzo en donde Jaime Garzón primero se entrevista con la hermana de un supuesto secuestrado y sin problemas pasa a cocinarle y almorzar con la actriz a la que le estaba echando los perros. El episodio debut parece insinuar que Garzón se quería exponer voluntariamente a su muerte. Esa llamada Garzón-Castaño fue, de lejos, la peor incoherencia del episodio ¿Bajo qué condiciones se dio semejante llamada desde una cárcel?

En conclusión, Garzón fracasará en el rating, no solo por méritos propios, sino a pesar de la ausencia de virtudes del rival de turno. RCN, nuevamente, se ganará el mensaje de rechazo de una audiencia forjada por lo mismo que ellos enseñaron a odiar. El verdadero homenaje que merece Jaime Garzón no es volverse un simple personaje de telenovela (por el que debe estarse revolcando en su tumba), sino que se esclarezca y condene a quienes cometieron ese crimen de lesa humanidad. Pero eso es mucho pedirlo en este país de m13rd4.