Los tres delitos de La ley del corazón de Canal RCN

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Tras dos emisiones de La ley del corazón en Canal RCN, los comentarios sobre esta nueva telenovela se pueden reducir a tres grandes críticas, las cuales se ven reflejadas en los tibios niveles de sintonía de la juridiconovela que quizás es más apta para competirle a Tu voz estéreo que para poblar el horario AAA de la televisión abierta colombiana.

1.  Tiene baches argumentales.

Canal RCN, muy a pesar de tener en sus manos una de las obras póstumas de Mónica Agudelo, una trama coral con el que podría darse un mejor resultado, un tema no tan trillado como las bionovelas , traquetonovelas, corronchonovelas o refritos de series americanas metidas a los empujones como telenovelas, sin embargo, no aprende que ni la estética glamurosa y de alto standing, las escenografías cuidadas (como la sala de audiencia del divorcio del primer episodio), o un elenco con figuras como Judy Henriquez o Carlos El Gordo Benjumea no compensan los baches argumentales, los saltos abruptos entre historias, actores repetidos en demasiadas producciones como Sebastián Martínez (entre Anónima, Un minuto para ganar Kids, Contra el Tiempo y Bloque de búsqueda, ya lo hemos visto más que suficiente), o Carolina Acevedo (que viene del desastre de En la boca del lobo), Carolina López (que viene de bodrios como el malogrado remake de Azúcar o Todo es prestao) o Carlos Hurtado (como otro cliente del bufete, pero que personifica al fugitivo papá Vega en la novela de las ocho); o clichés como el de la despedida de soltero con mujerzuelas.

2. Es excesivamente incorrecta en temas legales.

Pero todo se va definitivamente al carajo cuando en el libreto dicen una frase jurídicamente incorrecta como “Demanda penal”. Y sigue empeorándose cuando la novia abogada (Laura Londoño) se tropieza con uno de los abogados de la competencia (Luciano D´Alessandro), sobre la cual surgirán las subtramas. Entre ellos no sentí nada de química. Y es que D´Alessandro es tan frío como un iceberg; como protagonista no transmite mayor cosa. Su coestelar tampoco se queda muy atrás. Y tampoco lo producen los casos que se mostraron en la firma de abogados. Cuernos, cuernos y más cuernos. Así de trillados no son estos despachos. Es más, los divorcios ni siquiera son los procesos más frecuentes de estas firmas (lo son los alimentos). Por cierto, el art. 115 del Código  de Tránsito no dice nada sobre inmovilizar un vehículo. ¡Al menos cuiden esos detalles, por favor!

3. Sacrifica rigurosidad por espectacularidad.

El operativo del CTI en plena boda (el cual supongo se inspiró en la fallida primera boda de la directora del ICBF), realmente se vio demasiado forzado como argumento ¿Quién dio esa noticia criminal? ¿Eran necesarios tantos agentes del CTI armados para un operativo como estos? ¿En qué quedó algo tan elemental como la simple lectura de derechos del capturado? ¿Homicidio agravado bajo qué causal? ¿Qué Juez madrugó tanto para dictar esa orden de captura? –porque flagrancia no hay ahí ni por equivocación- ¿Qué Fiscalía es esta que ni parece preocuparse por llevar a audiencia de control de garantías al capturado novio frustrado (Sebastián Martínez)? –Porque la consecuencia de no hacerlo es que debe darle la libertad, sea o no fin de semana-. Como se puede ver, en aras de privilegiar el melodrama, descuidaron muchísima de la terminología legal.

Yo le perdí todo respeto desde ahí. Y dudo que lo recupere alguna vez. Tanto como el rating para un canal habituado a relegar a las novelas de las 8 o de las 9 que no le funcionaron a las 10 de la noche. E igual, siguen fracasando.

Y vistos los resultados de rating, donde la telenovela solo alcanzó una fría cifra de 7.9 (que ya viene siendo habitual en los estrenos en este horario en Canal RCN), superada por su rival de patio y sin entrar al top 3 de audiencias, se nota que el culebrón de abogados perdió su primera batalla.

En conclusión, una novela con mucho cacique, pero poco indio. Con mucho dramatismo forzado, así el tema jurídico se trate a las patadas. Y es una pena que en un país que produce tantos abogados, los libretistas de esta producción no cuidasen el léxico ni la trama para hacerla ajustada a la realidad de la vida judicial y del litigio. Es más ajustada a nuestra realidad hasta Legalmente Rubia que La ley del Corazón.  Y ese opening con reggaetón fue solo otro clavo más para el ataúd de esta producción que, parafraseando lo que dice el Código Civil, ni bien se alcanzó a desprender del vientre materno, cuando, para mí, ni siquiera respiró un instante siquiera. Veredicto: Culpable de estar tan mal hecha. Contra esta decisión no proceden recursos.

Notifíquese y cúmplase.