El tesoro: cuando se gana al rival con oropel

novela colombiana tesoroTras el macheteado final de Sinú, río de pasiones, ese terrible fracaso que no gustó ni a críticos ni a televidentes, Caracol vuelve a las andadas con su Tesoro, otra de sus malditas historias “diferentes y divertidas”, sus clásicas gritonovelas/novelas de oficina, que han hecho carrera en el canal del molusco desde Cómplices, pasando por Nuevo Rico, Nuevo Pobre, Vecinos, Clase ejecutiva, La teacher de inglés, El Secretario, Donde carajos está Umaña,  La Hipocondriaca, Los canarios,  La suegra,  La Tusa, entre muchas otras. Yo cada vez que veo que se suenan promos con música guapachosa, titulo con colorines y en el horario de las 10, me hago cruces: Hasta en eso es predecible Caracol: El tesoro va a ser una guisada.

Leyendo la sinopsis oficial del canal Caracol, ellos dicen que El Tesoro es “(…) una divertida historia para toda la familia que cuenta la vida de dos familias vecinas: Los Murcia –santandereanos- y los Otero –costeños-, quienes han tenido las mejores relaciones hasta que un día se pelean, y por cosas del destino, ese mismo día ocurre un suceso inesperado: los Murcia descubren en su patio un tesoro, el cual es una estatua gigante que está enterrada en el patio de las dos familias. A partir de ese momento comenzará una serie de intentos fallidos por tratar de desenterrarlo, dando paso a un sinnúmero de situaciones entretenidas y también dramáticas. Lo que desconocen ambas familias, con respecto a la estatua, es que su dueño original, un peligroso contrabandista, será muy pronto liberado de la cárcel y querrá recobrar la fortuna que le pertenece sin importar a qué precio (…)”.

En otras palabras, Caracol es capaz de tomar las tramas sin pies ni cabeza de cualquier película decembrina de Dago García, hacer personajes lo más cartoony posible, donde la sobreactuación sea la regla, y tratar de estirar el chicle entre 40 a 80 capítulos, al vaivén de los resultados de rating. Pero, claro, como el rival Contra el tiempo nunca ha enganchado y demostró ser todo un valium, tiene todas las de ganar en su horario, porque, sencillamente, “hace reír”. Bueno, eso último es mucho decir. Pero sé que el gusto de muchos televidentes es tan básico…

La pareja rosa de la trama, Sebastián Caicedo y la venezolana Juliette Pardau, que en la primera escena de la novela salen casándose, supuestamente a escondidas, pero con interrupciones de varios celulares en plena misa, no demuestran la más mínima química. Su boda “interrumpida” y que luego desemboca en una gresca digna de verduleras, porque los novios son en realidad hermanos  es la primera entrada con el pie izquierdo de esta producción. O sea, otra vez comenzamos una historia de atrás para adelante, como en Pedro el escamoso y con la típica subtrama de amantes que en realidad son hermanos y el recurso de la “voz en off” que narra la trama en retrospectiva. Tan “recursivos” los de La Floresta…

En la “fiesta de terraza” con empanadas y “paparazzo” incluido, tras la cual damos paso a la cárcel donde está el “peligroso contrabandista” (Álvaro Bayona) y su torpe abogado y esbirro, ya uno va midiéndole el aceite a este despropósito televisivo. Tan despropósito como la pelea entre la Murcia y los Pachón por “robarse” la idea de vender empanadas (super glamurosa) de barrio y las peleas “de patio a patio”, que hacen ver las escenografías de El Chavo del 8 como si fuera Melrose Place.

Hacen parte de esta producción  un remix de actores que ya han hecho telenovelas o comedias de muy mal gusto como  Lorna Cepeda (Casados con hijos), Alina Lozano (Pedro el Escamoso), Julio Pachón (Las Hermanitas Calle) o Erick Cuellar (Donde carajos está Umaña).

El primer episodio resultó rocambolesco en sus situaciones clave, que despertaba bostezos o caras largas antes que risas.  Como Carlos Vergara, el actor que hizo del padre de Diomedes y aquí es, oh sorpresa, ¿lo adivinó? el padre de la familia costeña – un costeño que frita empanadas con malla en el pelo y usa corbatín para irse a trabajar, todo sea dicho-. O la peluca del personaje de Pachón, tan ridícula como la telenovela entera ¿Es acaso una peluca del combo de rechazos de utilería de La Selección? ¿Esto es construir un personaje? O Jacques Toukhmanian haciendo de playboy de vereda poniendo a prueba a la recepcionista de su propia empresa, que no lo conoce (por cierto, la escena de la cédula se vio tan ficticia…)

Ni hablemos de la “cena familiar/encerrona” donde las dos familias tratan de reconciliarse, pero que termina en otra gresca, que dio paso a otro manido recurso: “al sábado siguiente” en Comic Sans. Y tras eso, la esperada escena del hallazgo de la estatua de oro. Lo de “esperada”, es porque ya uno desea apagar el TV a esas alturas del partido. Lo dicho, es más entretenido ver una maratón del Noticiero de la Cámara de Representantes que esto.

Uno se pregunta cómo semejantes bazofias ven la luz. Tal vez es porque el focus group para aprobarlas lo hacen con el personal de aseo del Canal Caracol. Y es que no me es de extrañar que El tesoro debute con “buenas cifras”, no por méritos propios, sino por el arrastre del producto de las 9 p.m. o porque el rival sigue siendo muy débil.