Rafael Novoa y otras razones para no ver el refrito médico Sala de urgencias

sala_urgencias_colombia_erRCN renueva su franja de las 10, tras el segundo aire que tuvo El Laberinto de Alicia, cuya recta final fue apalancada por el éxito (inmerecido, para mi gusto, pero así es Colombia) de Diomedes, el cacique de La Junta. Ahora pasamos del thriller psicológico a un refrito de una soap opera gringa en toda regla: E.R. Claro, en el sistema de salud gringo desconocerán qué es acceder a un servicio médico solo a punta de tutelas, pero entre gasas, camillas y bisturíes de ficción, veremos las tramas del enésimo refrito de una serie gringa que toca nuestras pantallas.

No contentos con haber refritado ese infumable culebrón de Grey´s Anatomy hace unos años, RCN refrita una serie antecesora, que tal vez en los noventas sería llamativa, pero ya ahora es otro yesterday´s flavor. Para empeorar, en clave de telenovela de lunes a viernes. Y con la fotografía oscura que Rodrigo Triana imprime a casi todas sus telenovelas.

Y es que en esta versión colombiana, el cordón umbilical con A corazón abierto tiene nombre propio: Rafael Novoa, que repite en el rol protagónico de un médico, esta vez pediatra, que en el primer episodio llega borracho en una camilla al hospital y luego pasa a atender una urgencia sin solución de continuidad. Lamentable. Luego se quejan de que los encasillan.

En el menjurje ficticio de médicos inescrupulosos a los que les valen huevo los pacientes, visitadoras médicas culiprontas, residentes impotables a los que putean y de los que putean todo el tiempo, enfermeras medio porno, estudiantes de medicina en prácticas que tratan de ser el Príncipe azul con una bata médica, porteros medio chismosos, recepcionistas que parecen más perdidas que Adán en el día de la madre y cientos de extras como pacientes y demás fauna de hospital, destaca Paola Rey, a quien recordamos por bazofias varias como Las Detectivas y el Víctor o Pobres Rico. Es una lástima que, por más que trate de parecer enfermera, solo se ve como la señora del aseo del hospital. Sí, sonará clasista, pero Rey no da perfil para más allá que roles de sirvienta.

Sala de urgencias trata de sonar interesante por sus efectos especiales, como el bus al borde del precipicio (cuya llovizna era intermitente, iba y venía). O con su florida verborrea médica. Pero, si criticábamos ayer a Tiro de Gracia por ser más de lo mismo, ahora el turno es para los de Las Américas por no ser más osados y refritar una serie que, por más nominaciones al Emmy que hubiese logrado en sus 331 episodios y 15 temporadas, en su versión criolla no pasará de ser otro sobrevalorado culebrón de médicos arrechos. O sea, como A corazón abierto, pero con más sangre falsa a borbotones.

Subtramas como las del médico de urgencias al que le coquetean de una clínica privada con un suculento sueldo de 20 millones de pesos o la pelea entre un histérico familiar de los heridos y el conductor del bus, que luego deriva en la amenaza con el arma del portero fueron escenas muy mal logradas. Y ni hablar de la llegada de la “amiguita” del doctor Romero (Novoa), papel de Alexandra Serrano que es más de lo mismo en ella. De Niche al otro lado del espectro. Sin palabras.

Tal vez el único papel que me conmovió y convenció fue el de Cristina Umaña, lo vi sólido y coherente, en justas medidas, en todo el episodio. Sí, no todo puede ser palo en estos posts. Pidan un deseo, bien saben que pocas veces digo algo como esto.

Con todo, preveo que Sala de Urgencias “chupará llanta” del líder del primetime. En 2014, las 10 de la noche era “la hora manteca”, con pecuecadas como La Suegra compitiendo con La Playita. Hoy, las 10 de la noche es “la hora del refrito gringo”: Metástasis vs. Sala de Urgencias. Lo dicho, la televisión colombiana está en coma profundo ante tamaña falta de creatividad. Aunque más bien creo que, en el monitor vital, la línea está más que plana…