Tiro de gracia: una mezcla entre Contracara y La usurpadora

tiro-de-gracias-caracolCaracol reemplaza la anodina Niche, el sempiterno dramatizado sin pies ni cabeza que vivió de chupar llanta del inmerecido éxito de La Voz Kids, por la tercera traquetonovela en línea de su primetime/late del 2015: Tiro de gracia parte de la misma base predecible de todas las narconovelas: Un traqueto todopoderoso y ostentoso, al que persigue un policía (el rol de Nicolás Montero) cuya única obsesión, y la de su equipo, aun a costa de su vida privada, es atraparlo, cual Coyote del Correcaminos, de la forma más cinematográfica (a la vez inverosímil) posible.

Pero, para rozar el rizo, al narco se le aparece “por azar” alguien en quien pensará su plan más siniestro para engañar a las autoridades: lograr un doble exacto, que pagará sus pecados mientras se burla de la Justicia. Originalidad de este planteamiento: cero. Ya la idea de los gemelos separados al nacer la han planteado, de una u otra forma, dramatizados como Otra en mí, Novia para dos o La usurpadora.

El elegido para el doble rol del temible y sanguinario narco y de la persona inocente que lo suplantará solo para salvar a su hija es Robinson Díaz. Otro de los “mismos de siempre” con el que Caracol satura las pantallas por más de dos años consecutivos. Si no es él, es con Tappan o con Solórzano. Díaz suma en una misma producción a El Cabo en un rol con un remix de Carlos Alberto Buendía y el mago Kandú en el otro.

Están muy manidos esos recursos de las historias con flashbacks y hermosas locaciones desde el primer episodio. Tan trillada como lo es la idea de un narco rodeado de su mayor perdición, prepagos de usar y tirar. Tan lugar común en Caracol es creer que crear un personaje se logra con solo ponerle una peluca fea. Predecible como esas secuaces-amantes de los narcos, porque Natalia Durán como villana es solo una wannabe de La Perris de El Capo.

Y eso ni siquiera es un halago para María Adelaida Puerta.

Usar una frase icónica como “una propuesta que no va a poder rechazar” de El Padrino en una traquetonovela, vale una vez, pero dos, es prostituirla. Ese acento venezolano forzado de Eileen Roca haciendo de prostituta (¿no había una más baratica y menos feíta?) no convence. Igual que no convence Greeicy Rendón, la presumible agente infiltrada, a quien tratan de vender en un protagónico al que aún le falta pelo pa moña. Y tanta leyenda en cada locación sobraba.

Sobraba como la escena en que drogan a Salvador, sobraban como Tania Falquez en su papel de esposa cansona e insatisfecha del policía. Y hasta sobraba George Slebi, que ahora compite con él mismo en el mismo horario. O Claudio Cataño casi repitiendo su rol de Comando Élite.

Ya la escena de la explosión a cámara lenta la hicieron en Escobar, el patrón del mal, y parece que les quedó gustando el efecto. Eso sí, plomo a dos manos caracterizan productos como este, y eso, en un país que busca una salida negociada al conflicto fratricida que nos enluta, ya cansa. Rebote de traquetonovelas, tal vez.

Si con esta coproducción con Televisa, que te deja un sabor a déjà vu, es con lo que Caracol aspira a vencer el liderato de la “invencible” Diomedes, el cacique de la junta, dudo que lo logre de manera consistente. Es más, creo que escasamente lo lograría en este primer episodio. La crisis del quinquenio en La Floresta ha hecho caer ya cuatro estrenos que no han logrado el tope de la lista, y quien sabe si este será el quinto. Las cifras que dejó su antecesor no fueron las mejores. Tal vez, sí, las merecidas.