El Señor de los cielos merece morir en el infierno

El señor de los cielos Caracol2015 arranca con el primer estreno del año, justo por la retaguardia del primetime (o más bien en el late) y es el turno que El Señor de los cielos, producción de Telemundo y Caracol ganadora de un premio Emmy como mejor producción en lengua extranjera, pase al estrado. ¿Cielo o infierno?

Lo bueno de El Señor de los Cielos

¿Creen que voy a decir que el horario? No, eso no es mérito del programa ni del canal, de hecho, ahora serruchan la “recta final” de La Viuda negra, producto que, en asocio del actual, entronizan a las 10 de la noche como la nueva “hora traqueta” de Caracol. ¿Creen que voy a decir que el elenco? No, también son más de lo mismo, nadie destaca de verdad, y todos salen a escena con el insufrible “acento neutro” que exige Telemundo (que de “neutro” no tiene nada).

Lo malo de El señor de los Cielos

No contentos con nuestros propios narcotraficantes (reales o ficticios), ahora damos cabida en nuestra parrilla de Tv de las traquetonovelas “inspiradas” en la vida de narcos mexicanos. Porque, si aún no se han enterado, la historia de Aurelio Casillas es la telenovelización de la vida del finado narcotraficante Amado Carrillo, y para hacerles spoiler, Casillas muere al final en confusos hechos que se vinculan a una pretendida cirugía plástica que se iba a hacer el capo para huir de las autoridades. En eso puedo resumirles las tres “temporadas” (más de 150 capítulos) de esta basura.

Claro está, todo está pensado desde la estética impuesta en Miami: Carrillo no era precisamente un Adonis, pero como los feos no dan rating (salvo Yo soy Betty, la fea), pasamos a Rafael Amaya, que puede ser todo lo buenmozo que quieran, pero es un actor bastante plano, de esos que recitan sus parlamentos, pero, claro, los galanes made in Telemundo no precisamente se caracterizan por sus calidades histriónicas. Que lo diga Mario Cimarro.

Varias escenas me parece que sobraron: Entre ellas la del striptease para el capo, floja y superficial. O la de la familia del capo en la cocina de su finca, tratando de convencer a la abuela de viajar con ellos (una abuela que, todo sea decirlo, sabe usar armas) y en especial, las escenas de cama del hermano del capo con Sara Corrales en el papel de Matilde, una fufa paisa… bueno, as herself.  Y la discusión entre la mujer del narco y su cuñada-arpía fue de las peores,  Sara Corrales mediante. Al primer episodio le metieron varias escenas de cama fuera de lugar, pero que son denominación de origen de cualquier teleinmundicia. Entretenimiento para celadores.

Lo feo de El Señor de los Cielos

En realidad, con ver una sola traquetonovela, ya uno ha visto prácticamente todas: Las mismas cinematográficas persecuciones con cientos de militares armados hasta los dientes del comienzo, pero que son incapaces de capturar al capo, liderados por un agente cuya obsesión es ver al narco tras las rejas y al que sus superiores le exigen resultados, pese a sus conflictos familiares.

El mismo recurso trillado de mostrar al narco como un abnegado padre de una familia mainstream, la previsible musicalización con esos ordinarios corridos mexicanos, los flashbacks de la infancia del capo, con grandes presupuestos en locaciones, utilería y fotografía, y ni hablar de los atentados con plomo ventiado y muertes en cámara lenta, a los que el narco sobrevive con una habilidad que ya envidiaría James Bond, porque hasta le da tiempo de cambiarse de ropa.

Todo eso es la repetición de la repetidera.

En todo el primer episodio, Pablo Escobar fue como Pepita Mendieta en Dejémonos de vainas: se hablaba hasta la saciedad de él, pero no salía. Pero, a la larga, saldrá… Previo a ello, veremos balaceras, cama, mucha droga, aviones, fufas, más balaceras… ¿he dicho balaceras?

Retomo parte del planteamiento que ya dije en el BMFT de La Viuda Negra: el género de la delincuentenovela ya cansa.  Algunos justifican el género en que un país que no conoce su historia está condenado a repetirla. Pues yo les devuelvo una pregunta ¿hasta cuándo vamos a seguir repitiendo la misma faceta de esa historia?

Señores libretistas: Hay muchas partes de nuestra historia patria que hace muchos años no retomamos televisivamente, como la Guerra de los Mil Días, La abolición de la esclavitud, la toma del Palacio de Justicia o las guerras de la independencia; e igualmente, el Código Penal Colombiano tiene más de 350 delitos, hay bastante de donde crear otras historias que no sean relacionadas con los estupefacientes y todo su universo relacionado. A que sería todo un reto hacer una telenovela sobre la corrupción de sufragante o el pánico económico, digo yo…

Lo tenebroso de El Señor de los cielos

Aunque el horario no precisamente le permitirá ser el producto más visto, en medio de una anodina programación de enero, no descartaría que eso pasara. Y es que, paso a paso, tanto Caracol como RCN, a punta de sobreexplotar el género de la narconovela, han hecho del televidente colombiano una masa amorfa, acrítica, que se traga sin chistar incluso los productos de dudosa calidad de Telemundo. Me resbala que este producto haya obtenido un Emmy, así de mala debió ser la competencia para premiar esto, o así de bueno fue el flujo de billete para comprarlo.

Es realmente fastidioso seguir sacándole el jugo al narcotraficante como personaje televisivo. Y aquí ni se está exaltando a las víctimas, ni estamos reviviendo una historia digna de ser contada y reflexionada. Y vuelvo a preguntar ¿Para qué nos indignamos que se asocie la imagen de los colombianos con el narcotráfico, si hace rato, televisivamente hablando, no hemos podido superar esa propuesta? Ay, sexagenaria televisión colombiana, esas alianzas con las grandes cadenas latinas han venderle el alma al diablo… Trasnocharse para ver esta bazofia debería dar cárcel.