6 razones para no ver Diomedes, el Cacique de la Junta

diomedes diazRCN saca su primera carta del año 2015 con Diomedes, el cacique de la Junta, con el que aspira acapararle el liderato que, inmerecidamente, ostenta Caracol desde hace rato vendiendo humo, trayendo a colación su versión telenovelizada de la vida del finado y polémico cantante vallenato.

Tras una amplia e intensa campaña de expectativa a punta de hashtags como #Diomedízate, ha sido más la propaganda negativa que se ha creado en las redes sociales y las dudas que despierta que no creo que le sirva la jugada a RCN, por más que insistan en promocionarlo con los mismos conciertos en centros comerciales donde cantan artistas que no conoce ni la mamá.

1. El cabezote de la novela fue tan deprimente, que me hizo recordar ese infame bodrio de Oye Bonita revuelto con El Joe, la leyenda, y con el cantante casi haciendo lipsync for his life… pero arruinándolo. Y es que con Diomedes pasa como en aquel episodio de Los Simpson en que Homero hace una monstruosa bola de algodón de azúcar revuelta con caramelo: es juntar lo peor de las trilladas musiconovelas con las corronchonovelas y hasta las delincuentenovelas.

2. Porque en esencia, todo es más de lo mismo: mostrar la dura infancia del cantante (en especial con la escenita del forastero que presagió que sería grande) y donde se canta así el libreto realmente no lo exija, muestran sus primeros amores, y luego, como “no hay muerto malo”, volverlo la “víctima de las circunstancias” que se oponen a él.

3. Me resisto a contribuir en hacer redituable la historia de un cantante que, al margen de su éxito musical, tuvo muchas sombras en su vida como para seguir idealizándolo televisivamente. O al menos, pediría una moratoria de más de 5 años sin bionovelas ni delincuentenovelas, que los canales privados nos cambien esa receta tan cansona donde cuanto artista se muere ya genera una telenovelita más, con protagonistas que actúan menos que Miss Cocadas o Camandulita.

4. Porque, sin decirnos mentiras, Orlando Liñán como protagonista es la nueva competencia de tractores como Jair Romero, su nuevo rival de horario, sobre todo con esos parlamentos tan plagados de una retórica tan artificiosa e impropia del verdadero cantante.

5. Esa escena del concierto nocturno en 2006 con Diomedes y el niño que se cuela en su camerino y luego da origen a su flashback es un recurso excesivamente trillado, como lo son los acentos vallenatos forzados como intermitentes de siempre, o las escenas de la gallera, las conversaciones de Diomedes con su tío el carpintero o simplemente Diomedes rebuscándose como pequeño, todas ellas musicalizadas cual Musidramas. Parecía telenovela de Uniautónoma de TV (nota para dummies: NO es un halago).

En general, el primer episodio solo me produjo bostezos de lo sobre y subactuado que fue.

6. Tengo también muchas reservas sobre la manera como manejaran esos episodios sombríos de la vida de Diomedes Díaz como el caso de Doris Adriana Niño, donde el finado cantante fue juzgado y declarado culpable; son expedientes públicos perfectamente contrastables, pero dudo que se muestre con verdadera fidelidad a la historia, porque no quieren perder audiencia. O para que sus presentadoras de Espectáculo RCN puedan decir, con las siliconas en alto, que “Toda Colombia se diomedizó”

Parafraseando lo que un twittero me escribió recientemente, con los tres primeros estrenos de enero, nunca habíamos visto tantas drogas juntas en nuestra TV. Diomedistas talifanes, pueden caerme encima, pero me resisto a exaltar a un personaje que cegó una vida, evadió impuestos, consumió drogas, no fue un padre muy responsable que digamos, le “mamó gallo” a la Justicia y que solo lo telenovelizan porque, en este país de cafres, eso puede pegar…

PD: Extraoficialmente nos garantizaron que ninguna burra fue maltratada física ni sexualmente en esta novela.