Salsa insípida: lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso de Niche

niche_caracolCaracol pasa al frente con la propuesta que reemplaza a Fugitivos, y que tiene como reto enfrentarse a la novela que batió records de mayor refrigeración y a las postrimerías de El Capo 3. La apuesta es Niche, inspirada en las canciones del grupo vallecaucano. ¿Será que les suena la nota apropiada en Lo Bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso?

Lo bueno de Niche

Caracol mantiene la disciplina de reemplazar un programa saliente con el entrante, la misma de la que carecen en el canal de las tres letras y así les luce el pelo. Pero bien he dicho que esto ya no es suficiente. Ojalá pudiéramos decir algún mérito propio de este programa, pero ahí sí que nos suenan los grillos, pasa la planta rodadora y oímos a lo lejos a alguien toser.

Lo malo de Niche

Parece como si Caracol hubiese metido en una licuadora las pelucas y hasta algunas locaciones  de La Selecc10n, la trama de una orquesta de El baile de la vida, elencos, rechazos de elencos y retazos de libretos de El Joe, la Leyenda, La Ronca de oro (por la oposición de uno de los padres a la música que hace el protagonista o la idea de grabar para ser oídos en las grandes ligas musicales) o La Sucursal del cielo y la idea de una pseudo bionovela que ya tuvo discretos resultados con Oye Bonita.

El menjurje resultante bien puede agradecer a RCN la “ideota” de recalentar Un sueño llamado salsa, pues le puso de papayita la competencia en la nueva hora manteca de la TV colombiana. Y eso que La Voz Kids y su festival de telepornomiseria azucarada dejan un inmerecido buen arrastre, que, en sus momentos, la anodina Fugitivos se encargaba de hacer bajar varias cifras…

La ambientación de una Buenaventura en los años ochenta (primera escena)  no fue nada verosímil, y las escenas de la iglesia, sobre todo con la gente durmiéndose ante el número de música sacra, si pretendían dar risa, fracasaron en el intento. Parecían unidas a la brava.

Y ni hablar de escenas como esa donde le reclaman al de la discoteca por el precio a pagar a la orquesta o cuando el protagonista quiere irse de polizón en un barco o cuando discute con su padre, también músico, o de los actores masculinos principales de la orquesta (Romero y Juan Manuel Mendoza) buscando suerte en Cali, serenata y tocada en una boda incluidas. Por cierto, ¿de qué va la trama de esta novela? ¿La historia de una orquesta de chiflamicas muertos de hambre  con su cantante principal soñando con llegar a Nueva York? – Desde ya me imagino el Chroma Key para esas hipotéticas escenas, como en Rafael Orozco, el ídolo-.

Lo feo de Niche

El elenco de Niche es su peor falla: ¿Quién le dijo esa mentira a Jair Romero de que tenía talento? No me salgan que su mérito actoral fue haber hecho del Joe Arroyo en El Joe, la leyenda, pues no está de más recordar que esta fue una de las primeras producciones que, en 2011, se llevó por los cachos la primera temporada de Yo me llamo, lo cual demuestra que su liderato era un simple castillo de arena. Y su artificial acento valluno en el rol de Iván Cuero (que era casi la regla general de la novela), que me lo empaquen, era casi una copia del insoportable Caremonja de La Selecc10n. Tal vez sepa cantar, pero para eso está el playback…

Abril Schreiber fue tan anodina, intrascendente, cual extra con parlamento. ¿Se merecía un protagónico? Creo que no. Su amor secreto hacia el protagonista no se lo creía nadie. Y sobre los padres de Iván, mejor no hacer más sangres, todo eso hizo aburridísimo el episodio.

Tampoco me creí esa escena en donde Iván y Camelia tratan de irse de polizones en el puerto, con conato de arrepentimiento de ella, quien iba “muy discretita” de ropa y él, muy parlanchín con el marinero que finalmente lo arroja de un batazo al agua, que da paso a un breve sueño de Iván creyéndose el nuevo Héctor Lavoe. ¿Debo suponer que la morocha se va en el barco sin él (con resultados sexuales)?

Lo tenebroso de Niche

Llegar a liderar con un producto tan mediocre, solo porque la competencia es mucho más débil, es algo que está llevando a pasos agigantados a nuestra sexagenaria TV al fondo del abismo. Qué pereza ver una novela donde casi todos se sientan como unas malditas rockolas (como diría Cary Bobbins, en Los Simpson), cantando porque sí y porque no.  Ni el mejor arrastre compensa un producto tan desabrido. ¿Qué fue de historias bien contadas de Caracol como lo fue Música maestro?