Manual de periodismo de farándula. Lección 1: El ecosistema del chisme

laura acuña prepaoIntroducción:

Bienvenidos a esta nueva serie que hemos denominado “Manual para hacer periodismo de farándula en Colombia”. Nuestra pretensión es entretenerlos, porque, básicamente, el periodismo de farándula busca eso, entretener a un público que ya está cansado de ver las mismas malas noticias serias.  El lenguaje que utilizaremos va a ser así, algo desabrochado, como bien sabemos, es lo que ha hecho carrera en esta casa editorial pobre pero honrada. Por eso nos leen. No le comemos cuento a ningún famoso si se siente (o directamente es) aludido en los múltiples ejemplos que vamos a dar en nuestras diez iniciales lecciones, que, en lo posible, trataremos que sean semanales (salvo que Abelardito nos haga disponer otra cosa).

Uds. También pueden interactuar con el contenido, sugiriendo temáticas en los comentarios de cada post. Claro está, en el marco del respeto…el mismo del que NO haremos gala con más de un famoso, figuretti o lista H. ¡Comenzamos!.

Lección No. 1. El ecosistema del chisme.

No podíamos iniciar este trabajo sin situar al lector en lo que es el medio que lo circunda.

¿Recuerdan sus clases de biología? Aquí es exactamente igual, hay que hacer una división de reinos de noticias, y de ellos, centrarnos en el que nos interesa, para ver que en él hay organismos productores, consumidores de primer, segundo y hasta tercer orden.

Si usted hace una distinción de las noticias de los medios serios – o más bien, a los que sí les pagan por investigar-, verá que hay noticias políticas, económicas, crónica roja, internacionales, deportivas y las mal denominadas noticias light, género que en nuestro país  debe sus comienzos en las  grandes ligas de la información gracias a Yamid Amat y Las cosas secretas con Viena Ruiz, tal como lo aprendimos en Los años tenebrosos: 1996. Y lo digo, porque lo que menos ligero es, es la farándula. Hay muchos escándalos que han pasado por esta mesa de trabajo que de ligeros no tienen nada, son bien escabrosos. Y si así pasa en esta república bananera, ni piense en Hollywood: Líos de drogas, prostitución, abuso físico y sexual, problemas con la justicia…

Y todo hay que decirlo,  los famosos (incluidos figurettis y lista H) no son intrínsecamente distintos a ustedes y a mí. También se casan (por amor, obligación o tapadera), tienen empleadas del servicio (algunas estilo Cholanda), no les pagan ciertos trabajos (como a Carolina Betancourt con Playboy Colombia), deben plata (algunos más que otros, ¿cierto, Marbelle?), etc.  Así las cosas, ese temor casi reverencial disfrazado de admiración que sienten por ellos los medios oficiales de cada canal no es más que una mera pose, una máscara más. A Carolina Cruz la idolatraban en RCN cuando estuvo con ellos, pero apenas se cambió de bando, Caracol levantó el muro de Berlín de ignorar de su existencia y hasta trataron de meterla hasta en la sopa.

En el nivel principal de los productores están tanto los famosos como los canales en los que trabajan. Porque los famosos producen noticias, quiéranlo o no. Cuando consiguen un papel, cuando criticamos como hacen ese papel (de ahí se nutren los BMFTs, estimada Ana Wills), cuando se casan, cuando se ennovian, cuando se enmozan, cuando rompen con la novia o la moza (del mismo modo en el sentido contrario), cuando presumen de su vida perfecta en redes sociales (¿cierto Crespa?), cuando la embarran en redes sociales (como la que veía atardeceres en “Vogota” –sic-), cuando se les da por pedir la mano en un programa de esos para sirvientas (si, Mauricio Bastidas, nos referimos a ti, Lista H). Algunos se quejan que invadimos su privacidad, pero otros, como dice el Código civil, se exponen imprudentemente al daño (como cierto reggaetonero que le terminó a la novia por Instagram, o la que salió haciendo una “pega” en una peluquería).

También los canales son productores, no solo de las bazofias de programas que hacen, como La Playita o Mujeres al límite,  y de ello dan fe sus páginas web, donde publicitan los programas que tienen, lanzarán o sacarán del aire. Lo malo, es que ellos los publicitan de una forma tan lambona o intensa (o más larga que un día de hambre), que a nosotros nos toca reducirle, como mejor podemos, el exceso de cepillo a tal o cual actor o actriz. En los mismos canales, personal de ellos como las maquilladoras, vestuaristas y camarógrafos son como las mitocondrias de las células, las encargadas de suministrar la energía necesaria para que este mundo chismográfico fluya. Porque nada produce más chismes que los pasillos de un canal, la zona de maquillaje o una sesión de manicure. Que lo digan donde Norberto…

El caso es que muchos canales hacen circular noticias de sus futuros productos en redes sociales y chismográficas, solo para medir el feedback que reciben, y con él, dar luz verde o freno de mano a ciertos proyectos. Por ejemplo, cuando anunciamos en primicia que Laura Acuña iba a estar en Mundos opuestos, el organismo productor (en este caso, el canal RCN) recaló en un medio comunicador (el consumidor de primer orden) como nosotros y de ahí, otros medios reprodujeron la noticia (consumidores de otro orden). En farándula, no importa solo cómo se dice el mensaje, sino cuando se dice. Ello define tu lugar en la cadena alimenticia del ecosistema del chisme. El que trae la chiva suele ser el primer consumidor.

Sin embargo, esta casa editorial también ha sido consumidor de segundo orden. Por años recopilábamos los chismes de otros medios como el ya extinto Sweet, La Red y en menor medida, de El Lavadero, amén de las fuentes impresas como TV y Novelas, VEA, El Tiempo, El Espectador, etc. A todo ello le aplicábamos curaduría de medios y le agregábamos opiniones editoriales, que distaran de ese punto de vista usualmente tan lambericas que cada uno de estos programas o medios convencionales le imponía. Recuerden otro principio del chisme. Como en el juego del Teléfono roto, nunca el mismo mensaje comienza tal cual como termina. Lo que comienza consumiéndose como una manzana, termina su ciclo en el organismo vuelto m…

Muchas webs copian o plagian contenidos de otras, muchas sin siquiera dar la cita (cofcofTolimaStereocofcof). No necesariamente el pez grande le pide permiso al chico para comérselo.  Lo que hace la marca de agua de un chisme, es la forma y giros verbales que se utilizan, y en la medida que en el mundillo (fu)farandulesco se sepa cuál es, te haces un hueco en él. Por ejemplo, cualquiera que encuentre que en otros blogs pachucos y wannabes  se hable de personajes Lista H, podrá advertir como lector (que es en esencia un consumidor de cualquier orden distinto al primero) “esto se lo copiaron a LaFiscalia.com”. Cada organismo le da partes de su propio ADN al chisme que informa, y el énfasis que le da a cada uno de ellos.

En una próxima lección, hablaremos del lenguaje que se usa en este ecosistema. Sugiera Ud. También varias palabras o definiciones que estime que deben ser incluidas en él.