Lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso de ‘La suegra’

suegraLo que siempre temíamos: La vuelta de las “historias diferentes y divertidas”, o dicho de otra forma, las gritonovelas de Caracol, aquellas con tramas más simples que los libretos de Mujeres al límite. Claro, el que tiene  rating, chicanea, y si la competencia sigue tan floja como va, no es de esperarse que hasta un producto tan mediocre como La Suegra logre –inmerecidamente- buenas cifras. Pero ello no la exime de nuestro análisis de Lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso

Lo bueno de La suegra:

(suenan los grillos, pasa la planta rodadora, alguien tose…)

Lo malo de La suegra

Ya no basta simplemente reemplazar al producto saliente con el entrante, si el que llega tiene aún menos calidad actoral, dramática y argumental que el antecesor. Sobre las suegras se han hecho tantas historias clichesudas y predecibles, que esta novela sobreexplota (y lo seguirá haciendo) hasta el cansancio. Era predecible y de cajón la forma como los tres hijos y sus parejas asumieron el retorno de Victoria a Colombia, inclusive, lo de las pesadillas.

Y eso es así, porque La Suegra es de esas historias típicas de Caracol, de ricos dedo para´o venidos a menos,  donde todo se resuelve a los alaridos y se cree que las buenas escenografías resuelven todo el problema. O en este caso, ser la novela chupallanta del canal, aquel producto que depende exclusivamente del arrastre del rating los productos que (merecida o inmerecidamente) le anteceden.

Ver a Pedro Palacio en el elenco como un caddie  ya es un sello “esta novela va a tener sobreactuación a la lata”, y eso que su papel fue breve en el primer episodio.

Es una pena que Caracol crea que repetir duplas dramáticas le permite volver a liderar. Ya le pasó con John Alex Toro y Martín Karpan, aquí veremos los papeles más sobreactuados de Christian Tappan (si, OTRA VEZ Tappan) y Andrés Parra). De hecho, cuando el personaje de Andrés Parra llega a anunciar que tienen problemas de dinero, la escena fue bastante mala. Qué pereza ese papel de petardo gomeloide de Andrés Parra. Ni la presencia de Christian Tappan salva  la telenovela, es más, la hunde, sobre todo, con esa discusión en la cama del cuarto de huéspedes donde terminaron él y su esposa. El revuelto de personajes sobreactuados con actores con cero versatilidad como Mario Espitia o Laura Perico (si, alguien tenía que decírselo a ambos) da pena.  Dios los crea y ellos se juntan…

Lo feo de la suegra

Que Victoria Maldonado pase de la noche a la mañana de ser una estrella de talk show estilo Laura en América a la física ruina, es algo que ya se ha explotado mucho en remedos de comedias colombianas como Casa de reinas y otras.

Cuando “desenmascaran” a Victoria – por cierto, en un set casi igualito al de El precio es correcto– a esta escena solo le faltó el carrito sanduchero ¿acaso esta era la bionovela de Laura Bozzo?.  Y ni hablar de la webcam de celebración del día de la madre con la “comida grasienta” y mariachis, y la conversación misma, eso no se la cree nadie, tanto como el personaje de nieto nerd de Sebastián Vega.  Daba pena esa sobreactuada reunión familiar, si con esto trataban que diera risa, produjo grima. El nivel de hipocresía que destilaba esta reunión familiar agrió cualquier pretensión dramática.

¿Quién le dijo a  Víctor Gómez que tiene talento?. La escena de desenmascarar a Victoria fue lo peor, parecía de bazar de colegio. Hasta en la Perubólica podrían hacerla mejor. Ni hablar del rol de Belky Arizala, que ni frío ni calor producía.

¿En qué aportaba dramáticamente lo de la conversación de las dos secretarias en el baño, que tanto espiaba Victoria? ¿Era suficiente justificación que una de ellas – Eileen Roca- ella era la hija del amor de la vida de la protagonista, y generó una nueva desautorización en el duelo Margarita-Victoria?. Eso es un truco taaaaan visto…

Lo tenebroso de La Suegra

Pésimos los papeles de Estrada (Margarita) y Paula Barreto (Marcela), ¿estas viejas donde terminaron la primaria?. Tal vez en la misma parte donde la terminaron el grueso de televidentes de la nueva hora grasienta de la TV colombiana, las 10 de la noche. TV apta para sirvientas. No resisto los decibeles de los gritos en los personajes de histérica de la ex reina paisa. De hecho, nunca la he resistido como prospecto de actriz de vereda. Para ser una verdadera antagónica, no debe lucir como la perra arribista estilo “Maldita Lisiada”. Otro tipo de villana es posible…pero con otra actriz, claro está.

La tensa relación entre Victoria  sus hijos era poco creíble (en especial con la frialdad hacia  Marcelita con el desfile). Jacqueline Arenal me parece más de lo mismo, tanto como Isabel Cretina Estrada (si, este nombre le sienta mejor a su inexistente calidad actoral).

Pena ajena producían los papeles de Danilo Santos (Caliche) y María Cecilia Botero (Beatriz), se nota que lo hacen para tragar… ya estoy harto de esa cara de corderito degollado o de víctima de un fuerte estreñimiento que hace Botero cuando quiere tratar de llorar. Esa subtrama de que Caliche es el amor prohibido de Victoria  y ella la mejor amiga de Beatriz es un argumento metido con calzador.

¿Eran necesarias argumentalmente esas extensiones de cabello tan lobas, el abrigo de plumas el animal print y los vestidos de pepas ochenteros porque sí o porque no  para Victoria? ¡Qué suegra más grilla!

“Vaca-ana Lacteos” y Casa Victoria son la repetición de la repetidera de locaciones estilo Creaciones Merceditas revuelto con Industrias Copito, Mundo Express,  la revista Hechos, V.I.P. Tours  y demás comedias de oficina de Caracol. Si el problema del primer episodio es por el dinero que Casa Victoria perdió y que ella estaba a punto de prestarle a su amiga, mal estamos.

De verdad, a veces no sé si la alianza con Sony es para producir bodrios sobreactuados estilo Casados con Hijos o para darle una verdadera plataforma internacional a las novelas de Caracol que, dicho sea de paso, no se ve.

Es más, pensemos: ¿Cuál fue la última gran novela colombiana que hizo boom internacionalmente hablando, con una trama interesante?. No me digan “Pasión de gavilanes”, que esa bazofia era hecha a la medida de Tele(in)mundo, y si me responden “Yo soy Betty la fea” – cuyo conflicto financiero fue mucho mejor logrado que el de la sala de juntas de esta novela-, les recuerdo que esa producción es de hace casi 15 años… y era de la competencia. Lo dejo para la reflexión.

Y aun con las mieles del éxito en los índices de audiencia del lado del canal del molusco, recordemos que un solo error de programación, con un bodrio de producto, del que no rescato ni el cabezote,  puede ser fatal. Ya lo vivieron sus rivales de patio con Colombia tiene talento 2. Y ya a los de La Floresta les toca escarmentar…