Lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso de ‘Los años maravillosos’

años maravillosos¿Otro refrito de una serie gringa? Pues sí, OTRO MAS. Esta vez el turno es para Los años maravillosos (The wonder years), serie gringa cuya contraparte colombiana llega a las pantallas de caracol y luego a nuestro análisis de  Lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso.

Lo bueno de Los años maravillosos:

Digamos que sus méritos son más bien pocos. Tal vez el hecho de que, relegada al infame horario de los sábados a las 7.30 p.m. –donde no la debe ver ni Dios- pasará lo suficientemente desapercibida como para que no veamos esa patada en la ingle para los gratos recuerdos que teníamos de la serie original.

Bueno, tal vez podría decir que por fin una serie se transmite con frecuencia de serie y no como una insufrible telenovela de lunes a viernes. Debe ser que Caracol no quiso arriesgar el liderato en su prime time con un producto tan pobre y anodino. Ya suficiente tienen con acabar Bazurto. Y que si ello representa reducirle la duración al soporífero noticiero sabatino de Caracol o al anquilosado Sábados felices, bienvenido sea. (Bueno, en realidad, los noticieros sabatinos en ambos canales privados aburren hasta las piedras).

Fue bueno el contexto inicial con el año 1985, con buena musicalización –aunque no muy bien medida, pecado habitual de Caracol, que cree que sus producciones debe ser unos jodidos Musidramas–  escenografía y utilería. Me sentí viendo un episodio ochentero de Dejémonos de vainas. Aunque eso no cuenta como halago.

La subtrama del video porno y la ansiedad por verlo de Kevin y Fede, incluido conflicto con Leo fue remotamente dramática.

Lo malo de Los años maravillosos:

Adaptar series con contextos distintos, so pretexto de “tropicalizarla” es sumamente vergonzoso. Aquí se hizo entre la guerra de Vietnam con una toma guerrillera para dar explicación a la muerte del hermano de cata. Pero  ¿acaso creen que se puede homologar Woodstock con el Festival Vallenato? ¿O el día de Acción de gracias con la fiesta a la Virgen del Carmen?. Yo prefiero que seamos capaces de hacer series por iniciativa propia y no meter a los empujones a las series gringas en la idiosincrasia colombiana. Un funesto ejemplo de ello fue el cabezote con música de Emmanuel como reemplazo de With a Little help from my help.

Me parece que en materia de uniformes de colegio, nos hubiéramos quedado anclados en los tiempos de Décimo Grado. Todos los uniformes de colegio de las series colombianas parecen matriculados en las mismas rutinas cromáticas e impersonales.

Fue un grave error incluir, en una serie ambientada en los ochentas, un tema como Mi primer día sin ti de Enanitos verdes, que es un tema del año 1995. Y no fue el único error de ese tipo en el primer episodio.

Predecible el papel de Marcela Agudelo como la mamá de la familia. Tanto como lo fueron los nudos dramáticos del primer episodio (la muerte del hermano de Cata –Winnie en la serie gringa-  y el subsecuente primer beso entre los dos niños)

 Lo feo de Los años maravillosos:

¿Otra vez Greecy Rendón en la TV?. Dirán que no es su culpa, sino consecuencia del Efecto Vostok que impera en los canales privados, pero creo que le hace flaco favor a la actriz esta sobresaturación.

Los actores infantiles, que son los que soportan el grueso de la serie, dan grima: De Fred Savage a Sebastián González hay eones luz de carisma y hasta de talento. Y ni hablemos de Gabriela Ancona o Luigi Caroli,  quienes se veían grises y endebles, casi recitando el libreto, frente a sus contrapartes norteamericanas. Si acaso el actor que personificaba al casposo hermano mayor de Kevin salvaba la patria.

Patéticos y sobreactuados los profesores y directivas del colegio. Eran todo un suplicio visual, tanto como el lacrimógeno rol de Constanza Duque como la abuela de los González

Lo tenebroso de Los años maravillosos:

Si aún faltaba más para decepcionarme rotundamente  de Santiago Moure, otro rey del refrito (Ha participado en A corazón abierto, Los Graduados y ahora en este), creo que el otrora integrante del Ejército de la Verdad nos demuestra que de la irreverencia no se vive. #LoQueSeHaceParaTragar. Su peluquín debe tener competir en una categoría propia con las pelucas de La Selección y Alias El Mexicano, entre otras.

En definitiva, 68 capítulos sintetizarán lo que fueron 115 de ellos en la ABC, adaptadas a la colombiana. Pero como ver TV los sábados no es mi fuerte, creo que podré vivir sin los 67 restantes. Y Uds., también. Háganlo por respeto a The wonder years.