Lo bueno, lo malo y lo feo de ‘La playita, costeños en Bogotá’

soledad15102013¿Está cansado de ver las mismas formulitas baratas y desgastadas de nuestra televisión nacional, donde solo se hacen bionovelas de cuanto delincuente o cantante haya fallecido, o refritos de series gringas sin son ni ton, malas  adaptaciones de infumables culebrones argentinos o chilenos o corronchonovelas donde a la gente de la Costa Atlántica nos ponen a decir, a la mayor cantidad de decibeles posible “eche, no joda”, “Cógela suave”, “ajá” o “ay Chuchi” o vallenatos melegueros como musicalización cada dos milésimas de segundo?.

Si su respuesta es afirmativa, este artículo es para Ud. Si solo cree que esto es criticar por criticar, que con solo un primer episodio no podemos juzgar cómo es todo el producto- que se ve ostensiblemente malo desde los comerciales- o que todo se reduce a una simple guerra de hablar mal entre canales, no nos lea, y mejor aún, ni se moleste en opinar en nuestro análisis de Lo bueno, lo malo,  lo feo y lo tenebroso de La Playita

Lo bueno de La Playita:

Usualmente en este apartado destacaría como algo positivo que el nuevo programa entra reemplazando a Comando Élite, que terminó en este mismo horario, o los efectos gráficos que se vieron en la transición de las escenas ( de los cuales se abusó en el episodio), pero para un producto de nula calidad como este enésimo sainete de personajes supuestamente costeños en Bogotá, va a ser que no es suficiente. Literalmente, en este ítem suenan los grillos, pasa la planta rodadora, alguien tose

 Lo malo de La Playita:

Junte Ud. a los creadores de ese infame atentado audiovisual llamado El man es Germán, mézclelos con un elenco de chusma sobreactuada como Aida Bossa (que no se quien le dijo esa mentira que tenía talento. Señora Bossa, no insista más y retírese) o Freddy Florez, y revuélvalo con la idea inversa de otro producto digno de sirvientas como lo fue Donde carajos está Umaña ( y eso que era de la competencia), donde, en vez de ser el cachaco estereotipado el que va a la Costa, son los costeños, igual de estereotipados, los que vienen a su ciudad, y voilá, tiene el menjurje perfecto para dejar de ver TV colombiana a las 10 de la noche – al otro lado de espectro, con Bazurto, bailando con el enemigo, no precisamente tenemos una serie digna de la BBC o de HBO-.

Desde el cabezote, Ud. Bien puede salir corriendo antes de lidiar con esta basura, y la cosa no mejoró con la primera escena, que confirmó mis temores. Todo es gritería. Todos son colores estridentes. La escenografía del centro comercial y la pinta del aseador no son nada creibles en una ciudad como Bogotá. Mis tímpanos y retinas no daban para más. ¿Tan felices con ver el comienzo del Carnaval de Barranquilla, y tan rápido se deprimieron? Eso no se lo cree nadie, y menos ese “viaje fantasma” del cachaco a Barranquilla, con recibimiento con maizena incluido. Lo del cobro de la deuda en pleno carnaval ni se entendió ni gustó. El mecanismo de la novia cantaletosa al teléfono, que simplemente es ruido, sería admisible en los ochentas, no en 2014. Ni que fuera Pepita Mendieta. Ese timbre del celular del cachaco no se lo cree ni un niño de primaria.

Porque eso y más nada es lo que va a tener, un remedo de dramatizado demasiado barato y básico, hecho para gente muy estúpida, donde todos parecen querer hablar a los alaridos (tan propio de las barrionovelas de RCN y de las historias “diferentes y divertidas” de Caracol, que ya pensábamos que habían fracasado rotundamente, a partes iguales, con los tristes pero merecidos resultados de audiencia de El día de la suerte y La Hipocondríaca, respectivamente).

Me da mucha pena ajena por Carlos “Piti” Camacho, lo que había hecho construyendo un personaje como Guido en Allá te espero, lo desbarató aceptando el protagónico de esta payasada de mal gusto. Lo que se hace para tragar. Y dicen que este rol se lo habían ofrecido al tristemente célebre Carlos Calero y a pocas horas de iniciar grabaciones, éste desistió. Y ya es mucho decir que uno de los muñecos rotos del canal de las tres letras rechace un papel, cuando hace rato que ni suena ni truena, televisivamente hablando. Y ni hablar del papel de Pepe Sánchez como el suegro del papel de Camacho, que demuestra que a nuestras luminarias del pasado les corresponde hacer papeles en dramatizados vergonzantes. A Camacho se le iba y venía el acento, revolviéndosele mal el costeño.

La escena del mini carnaval en pleno centro comercial se vio metida como con calzador, no sé qué aportaba a la trama. Y los gags de la silla que no funciona o del techo que se cae puede ser gracioso una vez en un episodio, pero ¿dos, tres veces?. No subestimen la inteligencia del televidente.

Lo feo de La Playita:

Si con el personaje de Bossa había visto mucho, la mayor tirria me la produce el de Alexis, que es la suma de los peores y más ofensivos clichés televisivos. La comunidad LGTBI costeña deberíamos protestar porque se nos represente de esta manera tan ruin, miserable, sesgada y desacertada: ¿Acaso todos los gays nos dedicamos a la peluquería? ¿Todos encueramos con la vista a cualquier desconocido? ¿no podían ingeniarse un personaje menos boleta? Sus intervenciones en la novela eran de grima.

 Los preparativos de la cita entre el cachaco y Soledad, más de lo mismo, hubo un momento en que parecían cuando Doña Florinda se ve con el Profesor Jirafales; incluso cuando el aseador le entrega el celular al cachaco, para decirle que lo estaba llamando su novia; recurso tan visto como la manida frase de que “cachaco, paloma y gato, tres animales ingratos”. Y no hablemos de cuando la policía llega a llevarse a Amaury y a Alexis por hacer bulla en el apartamento, para soltarlos al poco rato.

¿Karroll Márquez en otra novela sobre carnavales? Su acento forzado me dio nauseas, tanta como su inverosímil propuesta matrimonial, seguida de la “pillada” poniéndole los cachos, un giro argumental muy obvio. Ni hablemos de Mile o el encasillamiento del encasillamiento. Qué pena con Barranquilla con la forma como retrataron su Carnaval, que es patrimonio inmaterial de la humanidad.  Y que no se note que Beto Villa va a pasar episodio si y episodio también cantando vallenato, así el libreto no lo exija.

¿Hasta cuándo esos lanzamientos en tarimas dignas de concierto de Jorge Barón que hace RCN? ¿No tienen otra idea mejor? ¿Alguien conoce a más del 50 % de los artistas que allí salen – que no sean sus ilustres progenitoras, por favor-?. ¿RCN será que recuerda el significado del concepto “consolidar una franja de programación”?. Lo dudo, porque dan bandazo tras bandazo, con fórmulas anodinas que no atraen audiencia. Avenida Brasil, lo poco que se rescata de su prime time actual, aparte de no ser un producto nacional, hoy naufraga por culpa de un enfrentado que, sin deslumbrar, no la ha dejado consolidarse, eso sin contar con la satanización que le hicieron apenas llegar a la franja. Alias el Mexicano nunca despegó ni despegará, y sería todo un favor que su horario lo asuma un gris Idol Colombia, cuando salga al aire, pero se sigue viendo como una colcha de retazos.

 Lo tenebroso de La Playita:

Lo más perturbador sería que, ante la evidente MEDIOCRIDAD del producto de RCN, se le diera un segundo aire a un producto igual o peor como Bazurto, porque como esta vez es Caracol el que está en el curubito, cuando compites con el rival más débil, pero pasas el producto más malo y  flojo posible, corres el riesgo de darle inmerecidamente el triunfo. Yo hubiese preferido descongelar productos como Un sueño llamado salsa, Las Santísimas o al mismísimo Dr. Matta, que ver esta reverenda mamarrachada. Con las dos primeras, tal vez, no me habría sentido tan ofendido en mi inteligencia, porque lo que muestra La Playita  es un argumento más pobre que dramatizado de Uniautónoma Tv en los noventas. Y eso que estamos hablando de una programadora de tres pesos y del montón en un canal regional, no de un canal privado de TV.

Es más, me atrevo a predecir que el final –vaivenes del rating mediante- será que el cachaco finalmente conquista y se casa con Soledad, la costeña de sus sueños, que su rival de amores (Beto Villa, que conquistó a Soledad sin mayor solución de continuidad) puede o conseguirse otra mujer o terminar preso por alguna razón absurda o enviado a otra parte (los recursos dramáticos para estas producciones tan pecuecas son así de trillados) y todo el resto de chisgarabises del elenco, ahí, haciendo bulto. ¿Les suena de algo familiar?. Si, así fue La costeña y el cachaco, y esa novela es del 2003. ¿No les da pena, señores de Las Américas, repetir una fórmula de hace 11 años y de esta manera tan lamentable?. Porque de Amada Rosa Pérez y Jorge Enrique Abello a la protagónica debutante Laura de León y Carlos Camacho hay eones luz de química en pantalla. De eso me di cuenta en la escena en que Soledad le pide cacao al cachaco para que no desalojara a sus amigos.

¿Hasta cuándo este maldito encasillamiento regional, en donde los costeños somos reflejados como gente floja e inculta, que solo pensamos en rumbear, enfrentados a los cachacos cuadriculados, antipáticos (como el protagonista, el frustrado comprador del centro comercial – que ya parecía el señor Barriga de El chavo del Ocho, porque le cayó dos veces parte del techo, como si nada-, o el señor Rocha, personificado por Alberto Valdiri) y adictos al trabajo, los pluscuamperfectos, o en subsidio, los malvados caricaturescos e inescrupulosos (como el enésimo papel más que sobreactuado de Santiago Rodríguez, cuya carrera ya está para tirar a la caneca de la basura) que se quieren aprovechar de los estúpidos y primitivos costeños prototípicos que salen en estas producciones, que no se sabe si son barranquilleros, guajiros o de qué parte de la costa, de lo sobreactuados que se les muestra?.

Este país tiene muchos más departamentos de los cuales sacar verdaderas historias –originales o adaptadas-, como lo demostraron Café, con aroma de mujer; La casa de las dos palmas, Azúcar, La vorágine o La potra zaina. Ya para los manidos duelos regionales estaba El Desafío, y esos por fin entendieron que la fórmula se desgastó sola… y encima anuncian una posible segunda temporada de esta bazofia. ¡TIENEN HUEVO!.

Finalmente, estimado lector: Si Ud. Se siente cómodo viendo esta basura de telebobela, hágale, disfrútela, no podemos impedirle que consuma aguamasa televisiva (y eso que la competencia no es precisamente caviar). Esta columna solo es una golondrina tratando de hacer verano en contra de la mala TV, y La playita no solo es mala, es perversamente MEDIOCRE. Ni en la Perubólica harían semejante guisada.