Lo bueno, lo malo y lo feo de Bazurto, bailando con el enemigo

Carmen Villalobos made inEstimado/a lector(a): Imagínese que Ud. Compra una pizza en un afamado restaurante y le venden una hecha hace más de una semana, simplemente recalentada y a la que se le nota que muchos otros clientes ya la han rechazado antes. ¿Se la llevaría a casa?. Yo no. Ese es el  mismo sentimiento que me queda tras ver Bazurto, bailando con el enemigo, el primer lanzamiento en el género de ficción que pasa por nuestro análisis de Lo bueno, lo malo, lo feo y lo tenebroso en este año 2014:

Lo bueno de Bazurto, bailando con el enemigo:

Las locaciones, que uno logra identificar plenamente como que sí son más propias de Cartagena y no un remedo grabado en Melgar o Girardot – aunque la bóveda del  banco y el mismo Hospital no parecían o eran nada cartageneros. También valoro la cuidada calidad de fotografía y sigo valorando positivamente que su entrada a la parrilla de TV se haga reemplazando un producto saliente y no con efecto “córranse, que atrás hay puerta de salida”.

Lo malo de Bazurto, bailando con el enemigo:

La escena de la llamada al gerente del banco – Miguel de Miguel- anunciándole las labores de inteligencia para prevenir el presunto robo del tesoro del Santa Helena se vio muy subactuada, y el resplandor del tesoro se notó muy artificial. Es más, ese tipo de piezas rara vez se ven en bancos privados, ya que, al ser piezas de arqueología precolombina, suelen estar en bóvedas de museos, creo yo.

La escena en camerinos de Villalobos, su pareja y su rival en el baile se vio muy floja, y era predecible su paso a la segunda fase del torneo de champeta, aun sin verlos bailar mayor cosa durante el primer episodio. La escena de la petición de matrimonio de Watusi a Flora en la playa me estaba dando un coma diabético, tanto como el flashback de la historia del gerente del banco y su fallecida esposa. Por cierto, ¿su empleada del servicio no es acaso “Blanquita”, la que sale en los comerciales de Límpido JGB?.

La musicalización a lo largo del primer capítulo, llega a sonar repetitiva y cansona, aun siendo Champeta. La cosa no promete mejorar a lo largo de la telenovela.

Lo feo de Bazurto, bailando con el enemigo:

La primera escena de la rumba en la discoteca Bazurto me pareció inverosímil. Sé que hay mucha gente que rumbea desde temprano, pero quienes vivimos en Cartagena sabemos que no hay discotecas que estén abiertas desde primeras horas de la mañana. Sobre todo, porque los actores  principales que llegan al sitio (Juan Calderón, Brian Moreno –que heredó la pedantería del papá-  y Fernando Solórzano, y más adelante Ivette Zamora) sobreactúan el acento costeño, parecen cubanos.

El peinado rizado de Yorley del Carmen Villalobos, con el que se le vio en la discoteca, sí que parece hecho por el enemigo, parece vello púbico. Y ni hablar de cuando el personaje de Tatiana de Los Ríos se “transforma” de ser la aseadora del banco en la mitad de la playa para irse en una motonave,  fue de risa la escena de ese improvisado medio striptease.

Peor aún fue la escena de la fuga de los cuatro ladrones, al verse descubiertos. ¿Quién creían que era Tatiana de Los Ríos, Lara Croft pero de bajo presupuesto?.  Y no hablemos de cuando Mireya (De Los Ríos) cuenta su versión sobre quien mató a Robinson, parecía hecha en una obra de bazar de colegio.

Muy clichesudo el encuentro entre Flora y el gerente del banco en el hospital donde estaba internado Candelario, el hermano de Flora (Édgar Vittorino),  creo que vamos a asistir al primer centenario del tropezón súbito entre los protagonistas con flechazo incluido. Y para más lugares comunes, el papel de Matilde Lemaitre, como Sofía, la hija rebelde que odia a su padre.

Más predecible y a la par rocambolesca fue la forma como Harvey trata de convencer a Flora a inmiscuirse en la vida de Vicente para vengar la muerte de Robinson y la captura de Candelario, y aunque este último logra huir brevemente de las autoridades (en un escape que no se lo cree nadie que sepa como son los vehículos del INPEC) y hasta comunicarse con su madre (la de él), es pronto recapturado. Coherencia argumental, a la basura.

Por cierto, en una ciudad con mayoría afrodescendiente, apenas hay personajes de color en la novela, o al menos con parlamentos importantes ¿racismo en TV?. Es un debate pendiente. Ah, y para ser un primer episodio, había demasiado plomo como sobreactuaciones juntas. ¿Y qué es eso de “A mí solita no me ponen bolas” en uno de los parlamentos de Villalobos? ¿Qué costeño dice “poner bolas” y no “parar bolas”?.

Para morirse de la risa, la “alisada” del pelo de Flora, su cambio de actitud de 180 grados con Watusi, y su rápida entrada a la academia de danzas, o las escenas de la cárcel donde, sin legalización de captura de por medio ni nada, llega Candelario y ya se las da de Street fighter. El punto de vista legal sigue brillando por su ausencia en muchas producciones nacionales.

Y si, los cabezotes de las novelas ya pasarán a la historia…más si a esta novela le cambiaron el nombre hasta el infinito

Lo tenebroso de Bazurto, bailando con el enemigo:

El que tiene rating, chicanea, aun con puntajes míseros como los actuales, y da vergüenza ver liderar un producto tan malo, no por mérito propio, sino porque la competencia parece como muerta en vida, tras haber lanzado y lanzado telenovelas sin son ni ton a finales del 2013.  Bazurto parte de una premisa no necesariamente acertada: Buenas escenografías para tratar de compensar una historia floja.

Ver otra vez a Fernando Solórzano como un delincuente al estilo de Las muñecas de la Mafia, a Villalobos como una demoiselle en détresse,  como en La novela basada en Sin tetas no hay paraíso, solo que esta vez tratando – sin éxito- de sonar como costeña, a pesar de haber nacido en Barranquilla; a De Los Ríos creyéndose la fufa fatale, y Miguel de Miguel ( el gerente del banco) haciendo un papel más plano que ningún otro,  es parte de la propuesta que Caracol tratará de vendernos como la gran producción de acción para el horario de las 10 p.m., pero El Golpe o Made In Cartagena o Bazurto, bailando con el enemigo, o como la quieran llamar ( de verdad, da muy mala espina que una producción no tenga un único nombre definido, aun con CMO de por medio) solo fue un rotundo fracaso en prácticamente todas partes donde se transmitió.

Ese mal híbrido que está haciendo carrera en nuestra TV entre telenovela corta y serie de emisión de lunes a viernes ya debería cesar entre nuestras pantallas. La serie debe ser semanal, la telenovela que siga siendo de lunes a viernes, señores de los canales privados. Voy más lejos, y compartiendo una inquietud que me fue formulada, al ser una producción hecha hace ya tres años, debería, por pérdida de vigencia, estar impedida para concursar por premio alguno…aunque la calidad no es que dé siquiera para ser nominada.

Es más, les voy a ahorrar los 52 episodios que duró internacionalmente y les cuento el final: Se celebra la final del mundial de champeta, mientras Harvey (Solórzano) goza con el botín del Santa Helena robado. A última hora, Celina le pide a Flora bailar en su lugar en la gran final. Mientras transmiten en TV la final de dicho Mundial de baile (risas), Harvey prepara una bomba para volar la discoteca, y al verlo en TV, Vicente decide ir a por él, escapando del Hospital. La policía trata de proteger a Flora, y descubren que todos están atrapados en la discoteca. Paralelamente, Vicente se enfrenta a Harvey. Predeciblemente, la pareja de Watusi y Flora ganan el Mundial de Champeta. Logran interrumpir la bomba, pocos segundos antes de explotar. La policía, junto al mismo Vicente, llegan a la guarida de Harvey, y este se suicida. El Tesoro del Santa Helena es recuperado y llevado al Museo del Oro, pero Flora, antes de vivir su amor con Vicente, decide entregarse a las autoridades, confesando su participación en la organización de Harvey; un año después, es liberada y retoma su romance con Vicente, quien la espera a la salida de la cárcel y le pide matrimonio frente a las murallas de Cartagena. Final rosa, no apto para diabéticos.

Como diría una canción de Héctor Lavoe “¿Y para qué leer un periódico de ayer?”. Una novela hecha en 2011, que Caracol anunció entre sus eventuales lanzamientos del 2012, vio la luz internacionalmente en 2013, pero viene en 2014 solo para rellenar terreno para que cuando estrenen Yo me llamo T3, con sus predecibles galas de casi tres horas, en su horario sea donde refundan al eventual reemplazo de Mentiras Perfectas.

Como se lamentaba mi estimado JuanCarBez, ya no tenemos productos premium en nuestra parrilla televisiva, y esa crítica le cae por igual a ambos canales, pues solo ofrecen las mismas fórmulas desgastadas de realities o concursos, bionovelas de cualquier cantante o delincuente o “recalentados” como este, más vistos que las nalgas de Amparo Grisales, sobre todo cuando en la era de plataformas de videos como YouTube y demás, ya se puede ver una telenovela o serie completa sin pausas comerciales y demás. Esa forma de hacer TV debería ser replanteada por los canales nacionales, más si se ven las cifras de rating actuales o la penetración de la TV por suscripción, que pasó de ser un lujo a competir de tú a tú con los canales nacionales. Véala si le da la gana, señor (a) lector (a), las cifras de rating casi nunca se compadecen de la calidad de los productos. Y Bazurto, sinceramente, no tiene calidad. Por algo fracasó afuera…