Lo bueno, lo malo y lo feo de La promesa

julieth-restrepo-promesaTras el análisis de la paraconovela el turno es para La promesa, la otra producción que debutó en la noche de hoy en la televisión colombiana. 

Lo bueno de La promesa

Trata de tener un mensaje institucional en contra del tráfico de personas, industria criminal que arrastra a sus redes a tantas personas en el mundo. La calidad de la fotografía me gustó, en especial en la escena del puticlub de Toledo o el mercado de Oaxaca.

Los cortes entre las escenas iniciales (cinco meses antes de la huída) de cada una de las tres mujeres protagonistas reflejaban claramente el origen de sus conflictos (una relación paterno-filial distante de Seleni, una convivencia marital no deseada para Frida y las duras condiciones del cultivo de flores versusser madre soltera, conviviendo con su padrastro que la morbosea y a la par era su supervisor para Ana).

Me gustó la escena en que el padre de Seleni discute con Melissa (Connie Camelo), su amiga prostituta, pidiéndole que se aleje de ella, tal vez fue la única que sentí creíble, el resto iban de una forma tan frenética, que ya me mareaba.

Lo malo de La promesa

Hay gente que ya se encasilló en roles de criminalidad y afines, como el caso de Sebastian Calero o Zharick León (¿Doña Bella strikes back?).

El escape de las tres chicas (Ana, Frida y Seleni) me pareció muy poco creíble, macheteado y acelerado. Al menos se les abona no usar una green screen como en Rafael Orozco, el ídolo para recrear las calles toledanas.

Bastante recargada de utilería estaba la escena en la casa de Seleni con su amiga sexoservidora y su padre, esa casa parecía una oda al mal gusto.

Y ni hablemos de la peluquería del personaje de Adriana Romero, cuyo vestuario parecía sacado del armario de Marbelle o de Alejandra Azcárate – a cual peor de los dos-. ¿Con qué maquillaban al personaje de Romero, con la escopeta de Homero Simpson en función “callejera”?.

Lo feo de La promesa

¿Otra vez Christian Tappan?. Caracol debería conocer el concepto “rotación de elenco”. El cabezote no me gustó, me pareció sumamente tacky, tanto como el acento surbogotano de Seleni – Parecía viendo a Paola Rey en Las detectivas y el Víctor.

La musicalización de Oaxaca podría haberse prescindido, me sentí viendo La Reina del Sur, y en especial por el acento mexicano del antagonista, Luis Roberto Guzmán.

Metidas como con calzador vi las escenas de la webcam de Frida o la del “generoso benefactor” de Ana, en contraste con aquella donde seducen a Seleni a irse a España.

Nada creíble era la familia de Frida: Todos tan, ejem…. “autóctonos” y ella no. ¿Es que era adoptada?. Tampoco me pareció creíble, y más bien fue demasiado REPUGNANTE, SÓRDIDA Y ASQUEROSA la escena de la muerte de Kelly, la amiga de Melissa y Seleni que supuestamente se había casado con el hombre de su vida y terminó vendida. ¿Qué casualidad que tenía la batería baja, no?. Fue esta la que le restó casi todos los puntos a este episodio.

Lo interesante de La promesa

Que Caracol considere, al igual que su competencia, reducir la duración de sus principales productos del prime time para darle cabida a este estreno da a entender que algunas de nuestras críticas a la política de “Córranse, que atrás hay puerta de salida” han calado, en alguna medida. Sin embargo, y aunque esto se sale de lo estrictamente vinculado a la novela, que Caracol opte por el efecto chicle, en el cual encogen la duración de su serie de mas rating para estirarla inmisericordemente, con episodios de aparentes treinta minutos, no me parece acertado. Eso fue lo que hizo languidecer en las cifras a productos como Las Muñecas de la Mafia o Escobar, el patrón del mal, pues ya daba mucha pereza ver una producción serruchada de la peor forma posible, donde la media hora se iba entre “escenas del capítulo anterior”, del “próximo capítulo” y un berenjenal de comerciales.

Pronóstico para La promesa

De alguna manera me recordaba lejanamente a Sin tetas no hay paraíso, sobre todo por la relación de Seleni y su novio, y eso no es precisamente un halago.

Tal vez logre tener éxito, gracias al arrastre que le traen los otros dos productos del prime time de los de La Floresta, con los que marca una radical diferencia de calidad, pero yo ya tuve suficiente con este primer episodio, y ni por equivocación volvería a verla. Sencillamente no me gustó. Y creo que el público de Caracol, acostumbrado ya en esta franja a dramatizados sumamente básicos y programas de concurso de tres centavos, tendrá problemas para digerir un producto tan oscuro y visceral.

En todo caso, si estos son los llamados productos premium de nuestra TV, que tanto reclamaba mi apreciado colega y amigo Juancarbez1, apague y vámonos, porque ¿qué gracia tiene ver una serie, de la cual pronto tendremos – o ya tenemos- los spoilers de cómo acaban – y previsiblemente acabarán mal- las historias de estas tres mujeres caídas en desgracia?.

Por lo pronto, al margen de los resultados de rating, que casi nunca obedecen a criterios de calidad del producto, yo doy solo 3/10 (tres sobre diez) como evaluación final a esta producción. Prefiero seguirme involucrando con historias dramáticas más digeribles pero no por ello estúpidas – como las de Rafael Orozco, el ídolo– como sí lo son las de Allá te espero, y párese de contar.