Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Cenpro [2000]

El año 2000 llegó a la televisión colombiana mostrando una realidad macabra, que marcaría el destino de la misma: la crisis económica del año anterior, cuyas causas ya conocimos, hizo que el déficit colectivo de las programadoras de los canales públicos alcanzara los 100 billones de pesos colombianos. Esto hizo que importantes programadoras salieran definitivamente del aire y regresaran sus espacios a la hoy extinta CNTV: Tevecine (que terminó de producir Tabú casi con las uñas, alimentada de su venta al canal RCN, que ya comentamos), DFL Televisión (que se volvió productora del recién estrenado magazin Día a día), PUNCH, JES y Cenpro.

De especial interés fue la salida de Cenpro, pues, a la par que hacía su próxima novela de las diez, Amor-discos, producía Se armó la gorda y presentaba El siguiente programa. El fracaso rotundo de la primera y la segunda la llevaron al abismo que se llevó por delante la que era una prometedora temporada de críticas de la tercera producción. Lo cierto es que nadie se creía esa rocambolesca historia donde Kike Vivaldi hacía de galán (de vereda, claro está) de una siempre gris Claudia García, ambientada en una casa disquera. Y en la otra, se empezaron a ver los hábitos salinos de Diego Cadavid, en una novela que trató de ser la respuesta de Caracol al éxito de Yo soy Betty la fea, pero naufragó en el intento; siendo una de las últimas producciones donde Hernando ‘El Culebro’ Casanova actuaría antes de fallecer. Paz en su tumba.

A raíz de esta desbandada, Audiovisuales, la programadora estatal, vio un fuerte e inesperado aumento en su cuota de pantalla, de solo 5,5 horas al inicio de 1998 a la friolera de 41 horas a la semana después de la partida de Punch. Con la salida de estas programadoras desaparecieron para siempre programas como Panorama y otros sobre los cuales era mejor correr tupido velo como Vuelo secreto. Los Sánchez se dedicarían al negocio de la producción de formatos para RCN como Real TV, y legarían, por algunos años en el mismo canal, la transmisión del Miss Universo y los premios Oscar, que se volverían un tira y afloje entre los de La Floresta y los de Las Américas, hasta la posterior victoria de Caracol sobre RCN respecto del certamen de belleza y del mismo modo en el sentido contrario con los de las tres letras en la premiación de cine.

Los noticieros de los canales públicos también sufrieron los embates de la crisis: el tradicional Noticiero 24 Horas resistió hasta el 11 de febrero de 2000, y lo propio haría el también clásico Noticiero Nacional, el día 25 del mismo mes. Por su parte, el siempre anodino Noticiero de la Noche desaparecería a mediados del año 2000. Paralelamente, en RCN hacían ya carrera Catalina Aristizabal y Andrea Serna como las nuevas caras del entretenimiento, siendo la primera la que mas destacaba. De hecho, de 2000 podría decirse que fue el gran año de Aristizabal en los medios (lo cual, no necesariamente es un halago). Y en el reinado de belleza de aquel año, dos figuras saldría en el podio real y luego incursionarían, con dispar éxito, en la televisión colombiana: me refiero a la reina ganadora Andrea Nocetti y a la entonces virreina María Rocío Rochy Stevenson, representantes de Cartagena, Distrito Turístico y Bolívar, respectivamente. Fue ese el año de la respuesta de la señorita Cauca, sobre su admiración a Lady Di, que “afortunadamente -sic- ya falleció”.

En materia de dramatizados, en RCN apostaron por diversos formatos, desde la comedia inteligente con Brujeres y el drama con apoyos institucionales como Alicia en el país de las mercancías ( ¿la recuerdan?, la novela que contó con el respaldo de la DIAN de la tristemente célebre Fanny Kertzman y sus perros dóberman). Pero ambas contaron con un punto en contra: las programaron el sábado, enfrentadas a la desgastada pero aun exitosa fórmula de Sábados felices, demostrando el inmerecido poco aprecio que les tuvo el Canal, pues en lo personal, me parecían mejores propuestas que muchas del prime time del canal de las tres letras, que se podía sintetizar en la fórmula del Nofralosobeno, del cual hacían parte una aburrida y sobreactuada A donde va Soledad y el también inmerecido trasteo a las grandes ligas de Francisco el matemático. Todo esto era una forma de no restarle protagonismo a Yo soy Betty la fea, que continuó siendo el programa líder de la franja, el sitio donde casi todas las personalidades locales y nacionales querían hacer un cameo. Esta franja sería reformada y reforzada con el debut de Pobre Pablo, novela sobre la cual prefiero abstenerme de opinar (y eso tampoco es un halago).

Por los lados de Caracol, la cosa no es que mejorara mucho. Salieron a la luz formatos de relativo éxito como Tribuna caliente, encargado de analizar el finalmente fallido camino de la ya Decepción Colombia camino a Corea-Japón 2002 y Justicia para todos, que para mí fue el certificado de defunción de una hasta entonces admirable Judith Sarmiento en televisión, pues este formato de casos siempre corre el riesgo de caer en el amarillismo y la caricatura barata, como en efecto ocurrió.

En las propuestas telenovelescas, los de Caracol vivieron siempre a la sombra de sus rivales de patio, y no era para menor: reencaucharon Rauzán, y fue un tremendo fracaso, aun al medio día. Retransmitieron Yo amo a Paquita Gallego, cuando apenas media Colombia se recuperaba de haberla visto terminar el año inmediatamente anterior. Le dieron libretos retorcidos a Padres e hijos, como aquel asunto del secuestro de Daniela Franco nada mas empezando el año, o el parto de María Franco, la nueva integrante de la familia que “curiosamente” nació en un pesebre un 24 de diciembre (ufff, qué idea taaaaaan original…).

También refritaron El gallo de oro, esta vez llamado La caponera, novela que era una vulgar masacre para nuestro tímpanos y retinas, dados los alaridos de Margarita Rosa de Francisco y el vestuario tan ordinario que le ponían… ¿se lo pidieron prestado a Marbelle? Juliana qué mala eres cumplía cabalmente su título: Era maísima. Traga maluca salió a finales de ese año y era de pena ajena. Ya del desastre que fue Se armó la gorda mejor ni hablamos, porque solo salvaba la patria La baby sister y ya eso era mucho decir.

Y en medio de tantos desastres, y siendo la primera vez que un formato internacional entra en nuestra selección de rescatadas, el honor de ese año se lo lleva ¿Quien quiere ser millonario?, programa que, en sus diversas temporadas, conducido por Paulo Laserna, demostró ser una opción inteligente en la de por si malísima programación del fin de semana.Antes de despedirme, aprovecho para agradecer el apoyo que han tenido estos posts, e invitarlos a que en los comentarios o por vía del e-mail institucional, nuestros lectores también participen de la elección de los rescatados de los próximos posts. Ya varias ideas hay entre el tintero para varios de los 12 posts que nos restan para entender porqué nuestra televisión es tan mala. Dios mío, en tus manos colocamos la bazofia que ya pasó, y los bodrios que llegan.