Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Yo soy Betty, la fea [1999]

Llegamos a un turbulento año: 1999. Con escasos seis meses de existencia, los canales privados debían hacer frente a sucesos que marcarían al país como el inicio del malogrado proceso de paz con la FARC que, así como nos había dejado la foto de Pastrana con algunos líderes guerrilleros, luego nos mostraba esa demoledora imagen de la “silla vacía”. Fue un evento que, televisivamente, volvieron un circo, tal como lo fue el proceso de paz mismo, tanto, que hasta Marbelle fue invitada a cantar en medio del despropósito. Bueno al menos esta no habló de la libertad de Ublime.

Apenas despuntaba el año y vivimos una tragedia natural, pésimamente cubierta por los medios: el terremoto del eje cafetero, donde Vicky Dávila nos mostró el estilo y talante amarillista que la caracterizaría: preguntarle a una persona, damnificada por la tragedia

“Señor, cómo se siente al estar caminando encima de los restos de sus familiares”

debería merecer cadena perpetua. 1999 fue también el año en que manos asesinas nos arrancaron la risa y el talento de Jaime Garzón.

Televisivamente hablando, los canales privados estaban en proceso de asentamiento. Pero, considerando que ambos pertenecían a holdings empresariales, no era de extrañar la jugada que ejercieron para asfixiar a la competencia en un proceso más bien agresivo: cortaron de tajo la publicidad de los productos de ambos bloques (Postobón, Bavaria) en los medios diferentes a los propios, acabando con una fuente de ingresos importante a las programadoras, las cuales poco a poco se vieron en la necesidad de entregar espacios a las televentas, otro fenómeno que se desarrolló en 1999.

Los espacios comerciales de Vanessa Navarro, asi como las emisiones de diversas iglesias cristianas tuvieron la fria respuesta de de los televidentes, como era de esperarse. Así, quedó abonadito el terreno para el final de muchas programadoras, pero de eso hablaremos en el informe del año 2000.

En RCN comenzaron el año con una serie de propuestas televisivas con pocas luces y muchas sombras: Programas como FrancotiradoresEsta boca es mía, El fenómeno del niño, Verano eterno (así llamaron en Colombia a Verano del 98, serie argentina infumable como ella sola)  y una franja infantil que traía los enlatados del entonces canal Fox Kids (entre ellos, las diez mil versiones de los Power Rangers) se enfrentaban a formatos de Caracol de dispar aceptación como Guerra de sexos, Pokémon, Ranma ½, También caerás, María C Contigo  o Papaya. En materia de contenidos infantiles, Caracol desarrolló Club 10, con la aparición de los muñecos asquerosos de Aurelio Cheverony y sus secuaces.

En el primero de los comentados, hicieron carrera Santiago Rodríguez, Mary Mendez y Pirry tuvo un primer espacio televisivo. Era eso o seguir retransmitiendo El show de Benny Hill. Aunque los invitados musicales del primer programa prometían hacerle mella al Show de las estrellas, el cambio de presentadora afectó al programa (pasamos de Isabella Santodomingo a Claudia Elena Vásquez). El segundo era una copia barata de un show similar de Bill Cosby. Guerra de sexos fue un concurso que trató de emular el éxito de su versión venezolana, pero nunca lo logró. El anime llegaba a las televisiones colombianas en horarios inusuales como el de las 7:30 p.m., mientras se enquistaba el ramplón estilo de pegas callejeras que el ya comentado No me lo cambie hacía (contando entre sus presentadoras a Andrea “tengo en mis manos el sobre” Serna… bueno, en ese entonces no había sobre qué tener entre manos). A María Cecilia Botero le encargaron la labor de ser la Cristina Saralegui colombiana, pero pronto las audiencias la relegaron al ostracismo, mismo que, desde sus inicios tuvo aquel mal clon con nombre de fruta de La tele en sus comienzos.

En materia de celebridades el embarazo de trillizos de Viena Ruiz hizo que esta se retirase de Caracol y en su reemplazo ingresó Marianella Maal (ex señorita Colombia) y luego María José Barraza. Finalmente, la bolivarense gozó de más aceptación que la ex soberana nacional, que desapareció del radar televisivo al poco tiempo. Y no nos olvidemos que gracias al reinado de belleza de aquel año salieron al mundo farandulero colombiano tres beldades: la primerísima actriz Karen Martínez, la reina elegida Catalina Acosta, que luego incursionaría con relativo éxito en las lides políticas y Carolina Cruz, la que factura cifras de nueve ceros.

Como propuesta dramáticas, una constante de ese año fue la compra de dramatizados al Canal Uno: Colombiana de Televisión vendió a Caracol a Padres e hijos, que, tras la muerte del personaje de Luz Stella Luengas (Ana María), ahora se centraba en la búsqueda del padre de la ya descuadernada familia Franco de una nueva oportunidad al lado de un nuevo amor, que alteró aun más la matemática de las relaciones y libretos del a serie. La entrada de Gabriela y  sus hijos hizo más enrevesadas las historias del culebrón del mediodía. Por su parte, RCN adquirió Tabú de manos de una ya agonizante Tevecine, en un intento de reforzar su franja prime time.

En 1999 vieron la luz propuestas dramáticas de Caracol como la insoportablemente sobreactuada La guerra de las rosas o la lacrimógena Julius, que contaba las desgracias de un niño que sufría más penurias que José Miel. Volvía la bio-novela con Alejo pero más bien alejó a los televidentes de verla. Héroes de turno se volvió un paciente en estado terminal, y solo medio salvaba la patria Marido y mujer. En contrapartida, RCN estrenó propuestas como Me llaman Lolita, donde debutaba la hoy polémica Carla GiraldoEl Fiscal, serie que prometió más de lo que pudo dar; Francisco el matemático, que volvió a llevar las aulas de clase a la televisión desde el final de Clase aparte, o la telenovela bandera del canal de las tres letras: Yo soy Betty la fea, que subvirtió cánones preestablecidos en los culebrones latinoamericanos, hasta el punto de ser, hoy en día, de las mas versionadas mundialmente.

Por los canales públicos, el Canal A apostó por Divorciada, y fueron los televidentes los que pronto se divorciaron de la malograda novela donde Flora Martínez trata de rehacer su vida con un nuevo amor.  En el Uno, Cenpro repitió éxito con Por qué Diablos. Y ya empezaba a despuntar una serie que derivaría en otra serie: Unidad investigativa fue la génesis de Pandillas, guerra y paz, que comenzó como unitario y terminó en la infumable producción que luego veríamos trastearse a los lados de Las Américas.

Renglones aparte merece uno de los más estruendosos fracasos televisivos de aquel año, al cual siguió otra serie que prometía mucho y se quedó en nada. El común denominador: Juanita Acosta, quien en ese año se ganó In saecula saeculorum el título de La Mujer de Lot, que en épocas recientes disputa con Katherine Porto. La dama del pantano pretendió ser una novela que hablaba de una Bogotá futurista donde el agua es un elemento que divide a ricos y pobres. Pero hacer historias futuristas en Colombia era más que usar pelucas y labiales azules, vestuarios de gamines que bastante normales se verían en el siglo XX o usar una cámara hiperbárica para filmar al sobreactuado personaje de villano que hacía Robinson Díaz. La serie, amén de su altísimo presupuesto, fue masacrada por la crítica y repudiada por los televidentes, que preferían opciones más digeribles como las ya comentadas en el canal de Las Américas.

Este fracaso de proporciones bíblicas hizo rodar cabezas al interior del mismo canal pero, aun así, Acosta tendría  la oportunidad de protagonizar otra serie más antes de asumir que no iba a ser profeta en esta tierra: La reina de Queens. Que no se diga que oportunidades para reivindicarse no tuvo Juanita…

Y bueno, mientras el año 1999 se despedía con los temores del Y2K, Caracol compró a Jorge Barón el formato de La gran fiesta de los hogares colombianos para que, a ritmo dechucu chucu, entráramos en el siglo XXI (que realmente pasaría en 2001), pero anclados en fórmulas de entretenimiento que parecían del siglo XVIII. RCN solo optó por mostrar cómo el año 2000 llegaba a cada rincón del mundo, hora tras hora.  Y bueno, el turno de nuestra rescatada de este año se lo lleva Cine arte, programa que, aun a pesar de los pésimos horarios que le han asignado históricamente, sigue siendo una propuesta muy digna y magistralmente llevada a cabo por Bernardo Hoyos y Diana Rico.

Dios mío, en tus manos colocamos la bazofia que ya pasó y los bodrios que llegan….