Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Perro amor [1998]

Hemos llegado a un año muy peculiar: 1998. Este año marcó nuestras vidas televisivas, al ser la puesta en operación de los canales privados Caracol y RCN cuyos comienzos tuvieron luces, pero también muchas sombras. En primer lugar, la licitación de 1998, como vimos en 1997, tenía un tufillo político abundante, el cual hizo surgir programadoras de medio pelo al frente de franjas importantes, relegando a otras al ostracismo, y ni hablemos del despiporre de programación surgido por la entrada en operación de los canales privados, en un año donde la televisión por cable apenas empezaba a despuntar. Creo que muchos recordamos cuando a nuestros hogares llegó la antena con forma de esqueleto de pescado, que nos ayudaría a captar de mejor manera estas nuevas frecuencias televisivas.

En los canales públicos, la inminente ausencia de Caracol y RCN hacía que los espacios que estos tenían antes del 10 de julio se rellenaran de la peor manera posible, en líneas generales. Caracol optó por comprar contenidos que ya hacían algunas de sus programadoras aliadas, como Tevecine y La elegida, que conservó el horario de las 8 de la noche, que le perteneció a Caracol, ya que la novela de las 10 p.m. pasó a manos de Cenpro, y en ella , tras presentar el final de Tiempos difíciles, dio comienzo a una historia fresca, con personajes cuya bondad o maldad sí estuvo bien estructurada: Perro amor, estelarizada por Danna García, Julián Arango y con Isabella Santodomingo como la villana. Fue tal el éxito de esta novela, aun con este horario, que hasta disco de salsa lanzaron. Eran tiempos gloriosos para Cenpro, que poco durarían…

RCN fue mucho más astuto: Su franja de la novela de las ocho la cambió por un horario, digamos, mas de sirvientas: pasó a tener la novela del mediodía (que en la licitación pasada tenía Punch con novelas más que prescindibles, y allí embutió Marisol, asquerosa novelita mexicana que contaba con banda sonora del siempre mediocre Enrique Iglesias. A cambio, en el horario late estrenó un magazin periodístico que prometía ser una buena apuesta, hasta que luego se corrompió: La Noche, que contaba con un gran elenco de presentadores y periodistas como Pilar Castaño, Juan Gossain, María Elvira Samper y si, ya estaba Claudia Gurisatti en él. Bueno, por lo menos en esa época no todo era Chávez para arriba y Chávez para abajo. Este programa competía en algunos días con otra propuesta televisiva que tenía RTI en esta franja: Cambio de tercio con Roberto Pombo (que hacía un aburridísimo programa de entrevistas y debates políticos los lunes), Jaime Garzón (que hacía humor los miércoles) y Paola Turbay (con segmentos light los viernes).

De hecho, RTI asumió en gran parte la franja prime time del Canal A, con tres novelas con suertes disímiles: Yo amo a Paquita Gallego, Corazón prohibido y La sombra del arcoíris. La primera era otra de las truculencias de Julio Jiménez que nos brindó una novela insufriblemente larga, retorcida, donde a Paquita Gallego, en su afán por superar sus 5 amenazas que le impedían ser feliz, debía aprender a llorar. Esta novelas lideró el rating de ese año e incluso se lanzó una marca de calzado femenino en su honor (zapatos de muy baja calidad, todo sea dicho) La segunda contó con las (sobre)actuaciones de una debutante Noelle Schonwald y Luigi Aicardi, a quien le convendría haber pedido un look distinto al de reciclador de San Victorino en esa novela, que pasó sin pena ni gloria. Desde esta novela, es que Natasha Klauss se encasilló en papeles de mala, lo mismo que ocurriría con la tercera novela, acabada a los machetazos, donde la villana era Catherine Siachoque, protagonizada por su ya compañero sentimental Miguel Varoni y por Geraldine Zivic.

Curiosamente, con Paquita Gallego tuvimos el detonante de por qué otra producción televisiva se echó a perder aun mas: la participación de Luz Stella Luengas (Ana María Franco) como villana en una parte de esta novela le hizo dar unas declaraciones que en su momento reprodujo Sweet, y que significaron su salida por la puerta de atrás de Colombiana de Televisión, productora tanto del magazin semanal de chismes como del pseudo-seriado. Luengas criticó las escenas “tusiadas y machetiadas” que se hacían en la producción vespertina que distaban de la calidad que si tenía el producto de RTI. La solución que dio un ofendido Malcolm Aponte: matar en un accidente al personaje de Luengas, quien se fue en muy malos términos de esta novela, que daría más giros rocambolescos al año siguiente, que se analizará en su oportunidad.

De otra parte, otros programas en franca decadencia vieron su final en 1998: Okidoki, que ya venía de una reestructuración profunda tanto en el grupo musical como en el elenco de la serie, cerró operaciones a comienzos de ese año;  mientras que una ya putrefacta Dejémonos de vainas demostró el escaso fuelle que ya le quedaba a Coestrellas. Las aventuras y desventuras supuestamente cómicas de la familia Vargas ya acusaban varias temporadas de libretos virtualmente repetidos, sin ángel ni gracia alguna, donde, aparte del elenco inicial, se volvía una puerta giratoria de personajes que terminaron por deteriorar la trama. Era mejor haberla cancelado tres o cuatro años atrás. También lo hizo Tentaciones, pues Caracol recortaba gastos de producción en materia de seriados para invertirlo en telenovelas, aunque siendo sinceros, no fue una buena idea.

En el interregno de comienzos del 1998, un programa televisivo clásico se quedó sin un espacio propio para emitir: Sábados felices no obtuvo una franja en el sábado… ¡sino en los martes! Todo ello por cuanto en Caracol esperaban acomodarlo en breve en su propio canal y estimaban que los televidentes del mismo lo buscarían, así estuviera en otro día distinto. Pero en ese mismo año Alfonso Lizarazo probaría suerte, al igual que famosos como Nelly Moreno o Leonor González Mina, en las lides políticas, abandonando este formato. Los tres resultaron elegidos ese año, siendo un primer caso palmario de intrusismo laboral, que demostraría que para ser congresista no se requieren mayores aptitudes que las de ser reconocido por la masa votante.

Ahora centrémonos en los noticieros: En Vivo pasó de ser solo el programa matutino, a ser también noticiero en las 9:30 p.m. y magazin “picante” en las noches, aportando la corrupción de todo el formato. Usaron y abusaron del striptease (masculino y femenino), y hasta una telenovela llamada “Corazón Partío” hicieron, lo cual hizo que el noticiero perdiera toda credibilidad. Otro noticiero de discreta duración fue Hora Cero, con María Helena Doering; que junto al Noticiero de la Noche (uff, se les fundió el cerebro inventándose el título) y su sección “ A solas con la Kousik” nos demostraron que el daño estaba hecho: Cada noticiero iba a tener su propia modelo a cargo de una sección light. De hecho, en CM& vieron partir a Viena Ruiz rumbo al Canal Caracol para el periodo 1998 – 1999 y en  su lugar, Marcela Carvajal haría Las cosas secretas.  RCN contaría con Maritza Rubio, la ex reina huilense que siempre parecía algo “grilla” para esa sección.

Al noticiero 24 Horas lo mandaron al medio día, en un horario hostil y desconocido para ellos, junto al ya consolidado Noticiero Nacional, y en venganza ellos soltaron una foto que marcó el destino político del país: Andrés Pastrana y parte del que sería su equipo de paz entrveistándose con líderes guerrilleros. Si, con todo y el proceso 8000 encima , Horacio Serpa iba liderando las encuestas presidenciales, esta foto subvirtió todas las matemáticas. Fue la venganza de los godos a una licitación amañada. Y mira qué consecuencias tuvo…

El Mundial de Futbol de Francia 1998, de discretos resultados para la ya “Decepción” Colombia, fue el comienzo formal de las emisiones de prueba de los canales privados, y la final del torneo fue el comienzo de su programación formal, que se nutría de repeticiones como San tropel o Café, y las tres propuestas telenovelescas de cada canal: Caracol lanzó Dios se lo pague, Sin límites y Ay cosita linda mamá, en perjuicio de La mujer del presidente, que fue la única novela que se transmitió con éxito en el canal Uno y el Canal caracol (aunque en un pésimo horario), dada la escasa penetración que todavía tenía la señal del canal de los Santodomingo. De las tres novelas destacar la escasa aceptación que tuvo la segunda producción en comento, serie en donde Marcela Mar (entonces Gardeazábal) hacía de una Lolita enamorada de su profesor de Filosofía, que era un profesor rebelde.

Cuánto daño hizo La sociedad de los poetas muertos a más de un libreto… y ni hablemos de lo ridículos que resultaban los libretos y el reparto de la tercera de ellas, que condenó al ostracismo definitivo a Martha Bossio autora del sainete de mal gusto donde ni Ángela Vergara, Andrés Izaguirre o Rodrigo Obregón destacaron por su talento. Pero si por La Floresta llovía, por Las Américas no escampaba: Tan cerca y tan lejos obtuvo discretos resultados, a Carolina Barrantes la terminaron a los machetazos, pero destacó, con amplios méritos, una telenovela que, en mi criterio, no merece ser masacrada con un remake: La madre, estelarizada por Margarita Rosa de Francisco, en uno de sus mejores papeles.

Las cifras de audiencia de las producciones nacionales de los canales privados eran tan malas en 1998, que hasta novelas extranjeras como El privilegio de amar (en RCN) o La usurpadora (en Caracol) tenían más rating.

Por su parte, RCN apostó por mas magacines, ninguno de ellos verdaderamente bueno: Pido la parola y Oh qué será. Nada peor que ver a Villalobos y su combo de cuenteros y pseudo humoristas haciendo las mismas payasadas que hacían en la Radio.  Caracol le dio vía libre a mas episodios de Qué tiene María José y a Magazin Caracol, que se transformó en una plataforma de presentación y avances de sus programas.

Y bueno, de este año hay que elegir una propuesta rescatada, como ya es costumbre. Esta vez me alejaré de propuestas obvias y provenientes de los canales privados, y se lo voy a asignar a una propuesta novedosa, inteligente, muy bien lograda, como era costumbre en Audiovisuales, y la rescatada de 1998 es Música Líquida, programa de música no-comercial y algunos clásicos presentado por Mauricio Tamayo, que se apartaba del “punchis-punchis” de especímenes como Mao Mix y similares; o de propuestas como Los Ángeles de La mega que eran una mera vitrina musical con aroma a payola. Y así cerramos este año, bastante extenso de por si. Dios mío, en tus manos colocamos la bazofia que ya pasó y los bodrios que llegan.