Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Tiempos difíciles [1997]

A semejanza de lo ocurrido con 1995, el año 1997 podría decirse que fue un año de “transición”, ya que en él se dio aplicación a la recién aprobada ley 335 de 1996, la cual reguló las licitaciones de los canales privados de Colombia. Como dijimos en su oportunidad, la política afectó esta licitación, que muchos ya veían como una “pelea de tigre con burro amarrado”. Era difícil competir con Caracol y RCN, quienes venían respaldados por grandes grupos económicos, que posteriormente se harían sentir en el manejo de la torta publicitaria. Aunque ya el proceso 8000 era cosa del pasado, tras la absolución de Samper, los pliegos de la licitación que comenzaría en enero de 1998 tenían fuerte aroma a represalia política: noticieros no “gobiernistas” como 24 Horas o AM/PM verían su cercano final conforme el año 1997 llegaba a su fin.

Curiosamente, en la evaluación de pliegos de esa licitación en pro de los canales privados, el tercer lugar se lo llevó PUNCH, programadora histórica que luego se declararía en quiebra años después, en cuarto lugar quedó RTI y en quinto, señoras y señores, por favor siéntense: Jorge Barón Televisión. Así cualquiera sale espantado. También en el 97 se dio vía libre a la creación de CityTV, que iniciaría transmisiones al año siguiente.

Ahora bien, en materia de contenidos, si bien no alcanzamos a tener las cotas de manteca del año anterior, 1997 también aporta buen material qué quemar. En la franja prime time, RTI hizo lo que ya se tornaría en una ley de Murphy de nuestra televisión: novela que se alarga, novela que se vuelve una bazofia: a La viuda de Blanco le enredaron su trama, haciendo aparecer vivo a Amador Blanco, el esposo que supuestamente Alicia Guardiola había asesinado y por lo cual pagó cárcel. La figura elegida para hacer contraparte del galán de vereda Oswaldo Rios. Danilo Santos, en una de sus peores interpretaciones.

Esto favoreció que, en el otro canal, tras el final forzado de Guajira, RCN volviera a los gozosos con una propuesta que también tenía parte de los trucos de su rival: Las Juanas, primera “corroncho-novela” que, por así decirlo, no era ofensiva con los costeños, y que, a pesar de sobreactuaciones como las de Katherine Velez, Evelyn Santos o Miguel Varoni, era agradable a la vista, tanto como la tensión sexual entre Angie Cepeda y Rafael Novoa. De hecho, Novoa eclipsó totalmente al boricua Ríos, pues él también fue objeto de deseo y llamó la atención mediática por ser novio de la entonces señorita Colombia, Claudia Elena Vasquez.

Tras las largas y anchas, RTI terminó de mala manera a La viuda de Blanco, y la reemplazó por otra novela que estaba casi condenada al fracaso: Dos mujeres, que marcaba el regreso a la actuación de María Cecilia Botero, con Amparo Grisales como antagonista y con el venezolano Carlos Mata como galán. Pareciera que RTI volvía a cometer el mismo error que cuando contrató a Fernando Allende: enhuesarse con un actor en franca decadencia para tratar de rescatar su carrera. La diferencia es que no firmó contrato por más allá de esta producción. Por lo menos en algo escarmentaron…

Por los lados de las novelas de las 10, Caracol, ya ganador de la licitación en comento, solamente se dedicó a alargar de la peor forma posible a Prisioneros del amor, pensando más en contenidos para el canal que abriría al año siguiente. JES, por su parte, estrenó una novela que tuvo más sabor polémico, que no necesariamente se reflejó en el rating: Perfume de agonía, que nos mostró una escena de un beso lésbico entre Alejandra Borrero y Marcela Gallego, en medio del síndrome de Estocolmo en el cual se ambientaba la novela. Eran épocas en que las novelas de las diez marcaron sus cifras más bajas…

Entre las series  semanales, producciones anodinas como La elegida o La mujer en el espejo o supuestas comedias como Dulce Martirio, donde debutó actoralmente Lorna Cepeda; o la bochornosa Paraíso tropical hacían el relleno de una programación que también estaba plagada de magacines de tres pesos como Qué tiene María José, Oxígeno o las bazofias de Mao Mix y César Ramírez, o la oleada de programas de concurso como Quiere cacao, el reencauche de Concéntrese, Mi media naranja o La bella y La bestia.

Detengámonos en algunos de ellos: Paraíso tropical era la versión tercermundista de Baywatch, pero ambientada en balnearios de tierra caliente (y alguuuuuuuuunas lejanas escenas en Cartagena y Santa Marta) protagonizada por el siempre mediocre Kike Vivaldi y la reina de los afiches y calendario de talleres de mecánica, Sandra Muñoz, al lado de otros conatos actorales como El Negro Salas o Natasha Klaus. Daba pena verla. De otra parte, el éxito que tuvo Quiere cacao, reencauche de “El programa del millón”, hizo que JES rescatara del olvido a Concéntrese, programa con hedor a naftalina que daba miedo; y al reencauche mas vergonzoso de El precio es correcto, que tuvo su propia historia detrás: en principio, RTI quiso contar con los servicios de Sofía Vergara como “la bella”, al lado de Pacheco, pero la barranquillera, que apenas despuntaba en la televisión anglo (si por “despuntar” tomamos los breves segundos en que salió como extra sin parlamento en Baywatch), pidió como si fuera Oprah Winfrey, y ya con promociones al aire, tocó cambiar de “bella”…y terminaron recalando en Lady Noriega, que por ese entonces sacó su primer atentado musical… digo, su disco; siendo la pareja del momento del ya polémico Tino Asprilla. El programa tuvo discretos números de rating y fue prontamente cancelado.

Ya que tangencialmente hablamos de futbol, el Gol Caracol, que se había vuelto una interesante alternativa, cuando la Selección Colombia lideró las eliminatorias rumbo a Francia/98 en 1996, se volvió todo un paquete chileno cuando Colombia comenzó perdiendo en el primer partido del año 97, en Barranquilla. Fue una seguidilla de derrotas, y encima por jugadas bobas (que ya hacía ver que a Farid Mondragón le metían goles apenas comenzando el primer tiempo), la que hizo que la gente de Caracol se llevara a replantear si seguía con semejante chicharrón. Pero, ni modo, les tocó apechugar, porque el contrato de patrocinio ya estaba pautado hasta el año siguiente. Fue en el 97 donde se “estandarizó” otro mal de nuestra televisión: La programación de películas de Semana Santa, que desde entonces ya no pela  “grandes estrenos” como “Los diez mandamientos”, “Moises”, “José, el intérprete de los sueños” y bazofias similares, para desdicha de los estudiantes que pretendían refugiarse en la TV. Y es que a los niños se les recortaban mas y mas las alternativas televisivas, a manos de mas telenovelas importadas.

Renglones aparte merece hablar de cómo Hombres, rescatada de 1996, se la tiraron por también querer alargarla: Margarita Rosa de Francisco ya había anunciado su intención de solo durar un año al aire, pues tenía planificado lanzar su proyecto musical, que vio la luz en 1997 (no es un mal disco, todo sea dicho, pero no era nada comercial), y su reemplazo fue Aura Cristina Geithner. Un lector del post anterior comparó este giro argumental como cambiar un Merlot con un Cariñoso de Manzana… yo mas bien diría que fue cambiar el Merlot por una Big Cola de manzana.

Pero no todo es malo en la televisión colombiana de 1997: en ese mismo año vieron la luz propuestas  muy atractivas como la apasionante serie La mujer del presidente, que lanzaría a la fama a Robinson Díaz, Marlon Moreno y Cristina Umaña, en la rocambolesca búsqueda que tuvo Carlos Alberto Buendía por probar su inocencia respecto de la extraña muerte de una seductora Susana de Acero, junto a un magistral papel de villano de Jorge Cao. Y también es digno destacar propuestas de Cenpro como la breve pero cautivante Cartas de amor, con su estética kitsch pero bien lograda que nos mantuvo en la incógnita de si el papel de Marcelo Cezán estaba enamorado de un hombre o una mujer (personaje que hizo la entonces desconocida Lucía Muñoz).

También Tiempos difíciles, primera serie con un gran elenco juvenil en que destacaban Patricia Castañeda (que se retiró de Brújula mágica, siendo reemplazada por la entonces exseñorita Bogotá Paula Morales), Julián Arango y Marcela Benjumea, estelarizada por Braulio Castillo, que luego se convertiría en la apuesta de Cenpro en los inicios de 1998, cuando tenía a su cargo la novela de las 10; o como nuestra rescatada de este año. El siguiente programa, que resume perfectamente ese espíritu irreverente de Martín de Francisco y Santiago Moure, que ya venían acumulando desde La tele (1993-1995) o con su etapa en Radioactiva (1996-1997), y experimentando en un formato poco usado: el dibujo animado. Ellos dijeron mucho de lo que hoy cuestionamos en estas líneas primero que muchos. En eso radicó su genialidad, que hoy parece perdida irremediablemente, tanto como lo es el humor del tristemente fallecido Jaime Garzón, que ese año estrenó Lechuza, tras el abrupto final de Quac, rescatada del post de 1995.

Y no podíamos cerrar sin recordar que, en las postrimerías de ese año 97 nació Sweet, el dulce sabor del chisme, programa del cual ya hemos escrito bastante en este blog. Dios mío, en tus manos colocamos la basura que ya pasó, y los bodrios que llegan.