Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Noticiero QUAC [1995]

Muchos pensarán que, comparado con el año que le antecedió y el que le sucedería, 1995 fue un año muy flojo. Y si, tienen buena parte de razón. Pero 1995 es una etapa que tenemos que mencionar en la explicación de por qué la televisión y radio colombianas son como son. Poniendo en contexto las cosas, el escándalo de los “narcocassettes”, que empezó a gestarse a finales de 1994 prometía echarle buena dosis de agua sucia, mediante el surgimiento del muy cacareado proceso 8000, al presidente del entonces, Ernesto Samper. Es por ello que comenzaron cabildeos rápidos para sacar adelante, mientras las mayorías legislativas así lo permitieran, proyectos como el que se convirtió en la Ley 182 de 1995.

Recordemos que, hasta ese entonces, era más cómodo para los gobiernos de turno, manipular las licitaciones televisivas (sobre todo las de los noticieros) en las licitaciones a tres años pero Samper y los suyos se vieron maniatados en una que se diseñó a seis años. En consecuencia, si no puedes manipular a los medios ya existentes (sobre todo noticieros como el ya extinto 24 Horas, que pertenecía a la familia Gómez), tenías como única opción ampliar las franjas de televisión. Es así como desde marzo de aquel año, pasamos a tener una programación de 24 horas.

Es en ese momento que entran Caracol y RCN de plano a crear sus franjas de informativos, que antes no tenían. A cada uno de ellos se les dio su propio espacio a las 7:30 de la mañana, franja que antes tenía la televisión educativa y cultural, primera damnificada de esta nueva mecánica de hacer televisión. Pero, mucho antes que ellos, en la Cadena Uno se asentó una de las fórmulas televisivas más funestas de cuantas se hayan asentado en nuestra TV: El programa matutino de variedades de sofá y algo de noticias serias. Y los gestores de este fenómeno fueron Darío Restrepo y la hoy encarcelada Adriana Arango (no confundir con la ex de Robinson Díaz) con En vivo. Este espacio, en apariencia inocente y entretenido es el padre de las bazofias que hoy vemos personificadas en Muy buenos días o Día a día. En el post de 1998, veremos cómo se pervirtió el modelo.

Sigamos con el tema de la televisión educativa y cultural: usualmente, hasta 1995, tenía dos franjas horarias: desde las 6 a.m. hasta las 10 y entre las 2 pm hasta las 4 pm. Pero, al pasarse a una programación de 24 horas, los apetitos de las programadoras hicieron que todos estos espacios se vendieran al mejor (o peor) postor. Uno de los casos más palmarios ocurrió con la franja vespertina, que pasó a ser inundada por toda laya de telenovelitas mexicanas de dudosa factura, como Volver a empezar o Marimar. Adicional a ello, se vio a los programas de la franja educativa como algo obsoleto, a lo cual había que relegarlo al olvido pronto. Se rompieron acuerdos de cooperación televisiva que hicieron posibles programas de corte infantil en la TV colombiana como los de la NHK.

Y en la franja maldita, un programa ya comentado aquí comenzaba a saltar el tiburón: Padres e hijos llegó al año 95 con el retiro de dos de los integrantes de su elenco principal y el ingreso de otros que darían de qué hablar, no necesariamente por su talento. Daryanani y Robledo, que ya comentamos la semana pasada, salieron casi definitivamente de la serie. Al primero lo mandaron fuera del país con su esposa e hijo (si, ya Andrea Guzmán hacía ese rol), mientras que a Robledo la emparentaron en la novela con otro conato de actor, presentador y cantante. John Zea.

Así, las típicas salidas de personajes de los culebrones (irse de viaje, morirse, etc) se afincaban en esta serie y en su reemplazo, Manolo Cardona y Daniel Abella entraron al elenco, como hijos adoptivos de los Franco. Por un lado mejoraba nuestro recreo visual con Cardona, pero Abella, en su insufrible papel de Pablito, era el perdedor por antonomasia. A su vez, libretos que en realidad, debían ser los del personaje de Tania Robledo, fueron prácticamente reescritos para que los asumiera el papel de Ana Victoria Beltrán, pero de eso profundizaremos en el post del 97.

Ya en la franja prime time, el liderato de Café se sostuvo hasta bien entrado el año 95, compitiendo con uno de los mayores desastres televisivos de su época. Digo desastre, porque, con el elenco que gozó y con lo mucho que se invirtió, la historia nunca cuajó: María Bonita, primera – y afortunadamente única- novela colombiana donde actuó Adela Noriega, al lado de un cada vez menos convincente Fernando Allende. RTI ya casi no veía la hora que este culebrón, con libretos de Martha Bossio, viera su fin, no solo para desenhuesarse de Allende, figura ya en verdadera decadencia, sino porque ya no podían ocultarse las enormes rivalidades entre la mexicana Noriega y la local Flora Martínez, que fungía como ¿antagonista? Nunca lo tuve muy en claro.

Si creían que la Spanic y la Siachoque eran las primeras en enfrascarse en una guerra de egos, es porque les faltó conocer la turbulenta convivencia en el set de esta novela. Tan fue así, que Noriega dejó físicamente botada la novela a poco de acabarse, siendo sustituida en los episodios finales por una doble. Lo irónico es que, para el final de la misma, al menos la competencia estaba más igualada, ya que RCN sacó uno de sus productos más flojos del prime time. Uno con in título que era una invitación al onanismo: Eternamente Manuela, otra novela donde la química entre sus protagonistas era la misma que la de un Alka Seltzer en un masato. De esta novela tuvimos que lidiar otro esperpento: Alejandro Martínez como cantante. Mientras en las emisoras de RCN (La mega como la primera de ellas) no sabían como promocionar el tema de la novelita de pacotilla esta, en las de Caracol sonaban otros temas, todos igual de malos, claro está. En el horario de las 10, a la ya comentada Candela la sucedió una polémica novela: La sombra del deseo, que tuvo una de las escenas de cama más sonadas entre Omar Fierro y Amparo Grisales, que contrastaban con las casi risibles escenas entre Astrid Carolina Herrera y Luis Mesa en El Manantial. Fue, por así decirlo, de las pocas veces que Caracol logró remontar, por escaso margen, a su rival de turno.

1995 fue, en mi criterio, uno de los pocos años en que, a cambio de acabarnos la televisión educativa y cultural, vimos un auge de la televisión infantil o diseñada para el entretenimiento de la familia. Aunado a los ya existentes Okidoki , Los Dumis o Brújula mágica (rescatado del post anterior), entraron a la parrilla televisiva Conjunto Cerrado, Sabor a limón, Los Caballeros del Zodíaco, Power rangers y El gran Juego de la Oca. Quiero destacar los dos primeros, por ser unas comedias infantiles y juveniles que tenían su mérito propio. Fue una lástima que a la primera se la tiraran en 1998 y a la segunda no le dieron continuidad al año siguiente.

Pero no todo es positivo en el 95: una programadora que se hizo con muchos espacios y los rellenó a punta de magacines fue Tevecine, siendo los más destacados Non plus ultra (donde se estrenaba Zharick León como presentadora) y Todo que ver (con Víctor Gómez y Marcela Sarmiento), que competían con uno de los mayores bodrios que lanzó RCN en su momento: En todo, de la mano de los nada carismáticos Rodrigo ‘carepequinés’ Beltrán y Valeria Esteban. 1995 también vio el triste final de la Teletón, que se había llevado a cabo de manera ininterrumpida desde 1980, en medio de una crisis económica y política que ya estaba gestándose y cuyos más repugnantes efectos veremos en el post de 1996, para el cual recomiendo bastantes antiácidos, porque va a ser muy fuerte.

También fue el año en que el Canal 3 cambió a ser Señal Colombia, conservando su carácter cultural, pero sin ser el rescate de los programas defenestrados de los canales comerciales. Y fue el año de nuestra propuesta rescatada de este año: Quac, un genial programa para que el tristemente asesinado Jaime Garzón, al lado de Diego León Hoyos hicieran ese humor político que tanto tendrían que explotarle a este periodo tan oscuro de nuestra historia nacional. Y así cerramos este episodio de nuestra historia, que poco a poco marcaría lo que hoy tenemos. Dios mío, en tus manos colocamos la basura que ya pasó y los bodrios que llegan.