Los años tenebrosos de la televisión colombiana: Café, con aroma de mujer [1994]

Llegamos a un post muy esperado, el de 1994, esperado por cuanto marca el año en que nuestra televisión llegaba a sus primeros cuarenta años de existencia, pero a su vez, un punto de inflexión en cuanto a su calidad, que ya ha venido siendo cuestionada en los dos posts anteriores. Prepárense, que hay muchos temas entre el tintero. Me pedían que me pronunciara respecto del tema de las tutelas que hacían sacar del aire algunos programas, y luego bloquearían hasta canciones en radio y hasta conciertos. Pues bien, el año 94 fue el año del cambio radical de la tendencia. Si bien la infame y tristemente célebre tutela de la señora Deisy Porto viuda de Vargas es de agosto del año 1993 (T-321-93), recuerden que en aquellas épocas, donde el Internet no era lo que es hoy en día, los jueces de la República tenían que esperar las gacetas de la Corte Constitucional o los de la Corte Suprema de Justicia (unos libros enormes y pesados, que extraían lo más destacado de la jurisprudencia de esta institución) llegaran a sus estantes para, así cambiar la forma en cómo se aplicaban el derecho.

La señora Porto, en un acto que debemos considerar de “desocupe”, entuteló programas de diversa índole como MacGyver, la telenovela venezolana Carasucia o la colombiana Lucerito. En primera instancia le concedieron lo que pidió, sacando del aire esos programas, pero la Corte varió todo, en aras de no volverse la evaluadora de contenidos de la TV, labor que, en realidad, debía hacer la hoy extinta CNTV. En palabras  de la Corte “No basta la nuda afirmación de un ciudadano acerca de los peligros morales que para sus hijos menores puede entrañar la transmisión de ciertos programas, señalados por él mismo a su arbitrio y según su personal manera de enjuiciar, para que por ese solo hecho tenga que variarse, por vía de disposición general, toda una programación, en un país donde la censura está proscrita de modo terminante por una norma prohibitiva de la más alta jerarquía, cuyo texto no deja margen a las dudas interpretativas: “No habrá censura”.

Se ha invocado la violación o la amenaza de un derecho fundamental, pero no se ha probado. Porque si es problemática, en abstracto, la afirmación de que los programas de un cierto contenido dañan, mucho más lo es la de que ciertos programas han ocasionado daño a determinados niños, de los cuales se ignora tanto la conducta anterior como la posterior a su compulsiva afición. No sería la tutela el instrumento jurídico adecuado para corregir la situación que la actora encuentra inconveniente y violatoria de los derechos fundamentales de sus hijos menores”.

Algo similar, pero sin llegar a ese extremo, sucedió en Bucaramanga con el señor Jesús Calvete, quien interpuso una acción de tutela contra las canciones El santo cachón y La Kabra – ¿la recuerdan?, ese tema de los españoles The Farm López que sería toda una oda a la zoofilia, y que bastante que se escuchó en Cartagena sin censura ni nada en plena Semana Santa-. Llegó a ser tal la difusión de la noticia, que el señor  recibió hasta amenazas de muerte, por lo que desistió de la tutela. Terminó haciéndole más publicidad a ambas canciones.

Pero la puntada definitiva la daría otra de las cortes, esta vez la Suprema de Justicia, dándole reversa a la decisión del mismo magistrado que falló favorablemente la tutela de la señora Porto, en contra de la tutela que impidió que el concierto de Eros Ramazzotti del año 94 se llevara a cabo en El campin. En ese entonces, dijo la Corte que  las garantías de seguridad estaban dadas y si se hubiese presentado un hecho de desorden o alteración del orden público, eso era algo fortuito por lo que debían responder el Alcalde y la Policía. Según la Corte, el hecho de utilizar un escenario para espectáculos diferentes a su naturaleza no genera violencia o desórdenes, tanto así que el concierto de Ramazzotti se presentó en otro lugar sin que se registraran hechos censurables.  La Sala Civil del Alto Tribunal  desestimó los argumentos del abogado Hugo Angarita, quien presentó la tutela y adujo que éste no acreditó suficientemente los derechos que, según él, le iban a ser vulnerados con la realización del concierto en El Campín.

La Corte dijo que si bien en dos oportunidades anteriores se presentaron desórdenes en las cuadras aledañas al estadio, durante la realización de un concierto, estos hechos son meras referencias históricas que no se pueden asumir como si siempre fueran a suceder. Es mas, según la Corte, el demandante no pudo ni siquiera demostrar que vivía en el sector que rodea el estadio El Campín, y lo que fue la cereza del postre: Se  hizo un llamado a los administradores de Justicia para que realizaran estudios más profundos antes de fallar tutelas de este tipo. Con esto, pasamos al otro extremo: la de los jueces a los que les (o nos) importa un reverendo carajo qué pasan en TV, radio o espectáculos públicos. Para eso hay otras autoridades. Si bien se instó a una mayor prudencia por parte de jueces y magistrados, responsables de fallar sobre tutelas de esta índole, hoy evitamos la fatiga y congestión del aparato judicial con base en estas sentencias.

En el mismo año 94, es de destacar cómo pasamos de la euforia y el triunfalismo barato a la desazón por la derrota en el Mundial USA/94. Tras sonar como favoritos por cuenta de Pelé (a quien le atribuimos, hoy en día, poderes salinos similares a los de Katherine Porto),  la ya “Decepción” Colombia fue eliminada en primer a ronda, tras caer 3-1 contra Rumania, 2-1 ( con autogol a bordo) contra la enclenque selección anfitriona y escasamente ganar 2-0 contra la siempre débil Suiza. Hasta ahí llegaron meses en que Viñazco Ch y su combo inflaron  el ego de un combinado que comenzó a salir desde comerciales de llaveros, álbumes, pelucas, cuadernos, muñecos articulados hasta pantaloncillos. Acusaciones fueron y vinieron tras la derrota, enlutada por el asesinato de Andrés Escobar, y curiosamente, en ese año, todo lo que tuvo que ver con el futbol sufrió un tremendo bajonazo: Desde las transmisiones de los partidos del Parma (equipo donde militaba “El Tino” Asprilla), las del Bayern Munich (enhuesada que se pegó RTI, solo porque el “Tren” Valencia jugaba en la liga alemana), pasando por las de los restantes partidos del torneo mundial – si, a quien ya le importaba un partido Suecia/Arabia Saudita, después que nos eliminaron- y hasta Supercampeones – si, los dibujos animados japoneses donde varios  goles y jugadas desafiaban todas las leyes de la física, donde un partido duraba más que un día de hambre y en una liga donde el concepto “tarjeta amarilla” parecía no existir. Terminamos casi que aborreciendo el fútbol ese año…

Tanto como se podía aborrecer una de las últimas telenovelas que produciría Jorge Barón, antes de ser comprador masivo de manteca  made in México: Paloma, bodrio televisivo que contaba con la super actuación de Nelly Moreno, quien era una de las chicas predilectas de don Jorge Barón, al lado de Linda Lucía Callejas, de quien tomó el testigo, tras finalizar ese infumable culebrón llamado Lucerito, y coprotagonizada por Edmundo Troya, quien aullaba cantaba el tema principal de la novela, toda una oda a la mediocridad. Paloma era una novela sin pies ni cabeza, que Ud. podía dejar de ver en febrero, y volverla a ver, digamos, en diciembre, y estaba en las mismas.  Villanas tan sobreactuadas como Ana Bolena Meza o Sandra Eichler… que me las busquen. Tras el final de la novela, doña Nelly se adentró en la política.

Y bueno, ahora si van a ver desde donde empezó a joderse Padres e hijos: tras la acogida del programa, en una era donde los noticieros todavía duraban media hora al mediodía, el vacío que dejaron algunos espacios “censurados” por doña Deisy fue rellenado hábilmente por Aponte y Reyes alargando de media hora a una hora de programa. Esto también, con el ánimo de hacer frente a la nueva competencia que les plantó Tevecine: Amanda, tortas y suspiros, serie ridícula donde las haya, que fue el primer protagónico formal de Katherine Vélez, en una fórmula trillada y media: madre separada que trata de salir adelante, al frente de una repostería. Al final, y como pasó mucho tiempo con Padres, mientras no tuviera un rival de altura (¿?) iban a seguir logrando el éxito.

Pero sostener los libretos y al elenco en la temporada del año 94 iba a ser difícil, pues Naren Daryanani y Tania Robledo, que interpretaban a los hermanos mayores, se fueron a formar parte del elenco de nuestra Clase de Beverly Hills criolla: Clase aparte donde compartieron créditos con otro grupo de jóvenes actrices que, posteriormente, harían parte de otros proyectos: Susana Torres y Sandra Reyes. Si, para los que todavía están perdiditos, la misma donde fue tema principal La soledad, tema de Laura Pausini, que fue canción del año en 1994. En la historia del mediodía, se acomodaron los horarios de grabación hasta que fue imposible hacerlo, pero ya en el próximo post veremos parte del desenlace de esta situación.

Veamos ahora qué sucedió con la franja nocturna. En 1994 , vivimos el primer estreno simultáneo de RTI y RCN, desde los acaecidos en 1992: Los primeros optaron por otro culebrón de Julio Jiménez, que pasó con más pena que gloria en su momento: Las aguas mansas, un proyecto al que solo salvó, al principio, su venta al extranjero (igual, en Eslovenia les importa un carajo que el rating de esta novela marcara índices pésimos: no tienen con qué mas rellenar sus mañanas sino con novelas latinoamericanas baratas), y luego, su refritada tele(in)mundesca, de la que ya hablaremos. Por los lados de Las Américas, seguía sonriéndoles la suerte con una novela paradigmática: Café, con aroma de mujer, que fue el feliz retorno de Margarita Rosa de Francisco a la televisión colombiana, siendo ella de las pocas artistas que goza de buena aceptación del público en ambos canales.

Era mucho más importante ver, y se volvió todo un fenómeno de masas, las desventuras de Gaviota o Carolina Olivares con las maquinaciones de la Familia Vallejo que la novela de época que mostraba RTI. En la franja de las 10, La maldición del paraíso hizo de las suyas, hasta que llegó Candela, primera novela estelarizada por Angie Cepeda, junto a Víctor Mallarino, que puso las cosas muy picantes hacia finales de aquel año. Y eso que no hemos hablado del primer gran fracaso de JES en esta franja: Mambo, novela que marcó el debut de Flora Martínez en la TV colombiana, y que solo duró al aire 40 episodios que, hasta el fiasco de Valentino el argentino, fue de las novelas de más corta duración.

De otra parte, el resto de la programación seguía siendo una enorme invitación a apagar el televisor: Cómo olvidarnos de los pecuecos programas de César Ramírez (como A toda música o T.Q.M.), Ojo Pelao Bebé,  los enlatados basura que compraba RTI (como cierta versión de La pantera rosa donde ella hablaba), las películas malísimas que pasaba Jorge Barón Televisión los domingos al mediodía o los dramatizados de los sábados, Momposina incluida (un gran fiasco de RCN), y ni hablemos de Mi generación, serie de ingrata recordación con el grupo Poligamia, si, el mismo de Andrés Cepeda, Juan Manuel Turbay y Gustavo Gordillo, quien, por esas épocas, fue novio de Shakira, quien , en las postrimerías del 94 lanzaría Donde estás corazón, tras el rotundo fracaso actoral ya comentado en el pasado post.

Y ya que hablamos de radio, destaquemos en el año 94 el surgimiento de la repuesta que RCN daría al éxito que tenían en Caracol con Radioactiva: La Mega. Mientras a los de la entonces cadena de Julio Mario Santodomingo, su proceso de expansión les llevó a tener hasta 16 emisoras en todo el país en un periodo de casi 6 años, sus rivales del dial tuvieron casi la mitad de esas estaciones en menos de dos, aunque la calidad dejaba mucho que desear, pues, seamos sinceros, Alejandro Nieto siempre tuvo muy mal gusto musical. Eso de escuchar Ace of base y rematarlo con, digamos, Proyecto Uno y luego emparapetarlo con Vilma Palma o Maná como que no. En respuesta Caracol fortaleció sus acercamientos a la Cadena Ser de España, que nos trajo la música de Los 40 principales que sonaba en la península ibérica (si, mucho antes que la caspearan de este lado del charco), entre ella propuestas interesantes como Amistades peligrosas o Marta Sanchez, y basuras como Los del Río y su Macarena

Pero si hablamos de basuras locales, cómo olvidarnos del boom del Tropical pop de la mano de Luna Verde, en el cual hacían parte Carolina Sabino y Jorge Cárdenas; o Café Moreno, con Danna García su hermana Claudia y Zulu (otro ilustre subproducto de la factoría de basura llamada No me lo cambie) y otros grupos de minúscula recordación como  Karamelo o Zona rosa…y ni hablemos del aullido mayor: Aura Cristina Geithner y su disco “Calor”. En fin, discos de esos que deben despertar la pena ajena

Del año 94, y solo para cerrar, destacar un solo producto de buena calidad: El programa infantil  Brújula mágica, que tenía secciones entretenidas y educativas  en medio del océano de basura de tan olvidable año como, en mi criterio, fue 1994. Programa que presentó, desde sus comienzos, Patricia Castañeda. Algo bueno tenía que haber de este despropósito. Nos vemos la próxima semana.