Los años tenebrosos de la televisión colombiana: debuta Padres e hijos [1993]

Retomando el hilo conductor de la publicación anterior,  el apagón modificó muchos de los planes que las programadoras tenían respecto a sus productos, enviando al congelador algunos en pro de mejores condiciones.  Para paliar la crisis, el hoy presidente Juan Manuel Santos, entonces ministro del gobierno Gaviria, promovió el famoso Decreto 717 de 1992, mediante el cual se modificó la hora en Colombia, y también coadyuvó en la interconexión eléctrica con Venezuela, con lo que la frecuencia de los apagones empezó a disminuir, hasta que se derogó la Hora Gaviria en marzo del año 93, y los apagones se superaron hacia los dos meses siguientes.

Ello permitió que uno de esos programas que estuvieron “engavetados” viera la luz, para posterior desdicha nuestra: Padres e hijos. La premisa, casi calcada de Familiy Ties (Lazos familiares) era la de dos padres de clase media, un hijo apuesto, una hija del medio intelectual y llamativa, y una menor que reflejara las inquietudes propias de su edad. Bajo la mecánica de dramatizados unitarios, donde a uno o varios de los integrantes de la posteriormente odiada familia Franco les pasaban determinadas situaciones que concluían en una moraleja con voz en off de uno de ellos, el programa no parecía sino otro proyecto mas de los muchos que tuvo el Canal A, plagado hasta ese entonces de telenovelas venezolanas o mexicanas en su franja vespertina. Pero los sistemas empezaron a pervertirse al poco rato, pero de ello hablaremos más en detalle en el post de 1994.

Continuando con las demás franjas, en la de las novelas de las 8, el liderato que hasta ese entonces tenía RTI con su novela En cuerpo ajeno tendría un final abrupto. A Julio Jiménez le pidieron alargar la novela, pero la historia ya no daba más de si, por lo que, en un rifirrafe entre Jiménez y RTI, se optó por una solución que el tiempo demostró, sería la peor de todas: Terminar la novela tal como se tenía planeada y luego reemplazarla con el primer refrito oficial de nuestra era: Dulce ave negra, que era el refrito de Lola calamidades, que databa de 1987. A su turno, RCN recuperaba el terreno perdido con su polémica novela, que le llevó más de una queja a bordo y hasta destrozó el matrimonio de Miguel Varoni por el affaire con su coestelar, Aura Cristina Geithner: La potra zaina, ambientada en los Llanos, fue de las novelas más exitosas de aquel año, aunque lo que ocurría tras bambalinas era más llamativo. Ya RCN tenía experiencia en telenovelas grabadas en exteriores, y ríos de tinta corrieron sobre la evidente tensión sexual entre sus protagonistas. Fue, por así decirlo, el primer éxito del hoy canal de Las Américas.

Pero sus hoy homólogos de La Floresta no pudieron decir lo mismo. Tras el abrupto final de La mujer doble, a finales de 1992, lanzaron apresuradamente Pasiones secretas, adaptación de Dancing days, novela brasilera. La novela, con sus sobre y sub actuaciones, tuvo un elenco que no impactaba en lo más mínimo. A ella la sucedió otra novela hecha de coyunturas: Solo una mujer, que trataba sobre el oscuro mundo de las intrigas en un canal de televisión. Y digo, coyunturas, porque se aprovechó el boom de una modelo y de un cantante de preferible no recordación musical y peor recordación actoral: estamos hablando de Viena Ruíz y de Marcelo Cezán, quien competía por el premio “tumbalocas de la TV” con Naren Daryanani, integrante del elenco de PeH… Si, así de grave estábamos en cuanto a recreo visual. Solo una mujer era otra novela insubstancial, que no le hizo ni cosquillas a Morena Clara, otra novela en coproducción, que Jes desarrolló tras el final -polémico, por demás- de Sangre de Lobos.

Pero 1993 también hizo ver la luz a un proyecto que sigue en televisión actualmente: El Gol Caracol. Las anodinas transmisiones deportivas del grupo de programadoras de la OTI (entre las cuales estaba Caracol)  se hacían en destartalados equipos que escasamente funcionaban, mas cuando Telecom por esos años, entraba en frecuentes paros, privando de señal a los pocos colombianos que se habituaban a ver la transmisión de partidos de futbol. Ese año, como algo que aun no se explica, la hoy “Decepción” Colombia si era un equipo que valía la pena ver, y que logró su clasificación meritoria el mundial USA/94, con aquel partido del 5 de septiembre en La Bombonera, si, el del famoso 5-0, el peor espejismo de nuestras delegaciones deportivas.  Caracol se valió de sus asociaciones con programadoras de la cadena Uno en las transmisiones dominicales, que competían con enlatados y el ya comentado No me lo cambie en ese entonces. Era ya frecuente ver la gente con el televisor en mute y escuchando el partido en radio.

Del resto de la programación, destacar la nada grata salida al aire de otra comedia plagada de sobre actuaciones, pero que permitía harto material para rellenar en los comienzos del Canal Caracol: Tentaciones. Bajo la premisa sencilla de una apuesta entre un ángel y una diabla en pro o en contra de la estabilidad de un matrimonio, debía ser la comedia más barata de hacer, en términos de libretos, locaciones y casi que de elencos, pues, aunque los protagonistas iniciales cambiaron con frecuencia (solo persistió Diego León Hoyos, el ángel Serafín), la inercia nos dejó verla por casi cinco años en activo. En el otro lado, RCN nos metía hasta por los ojos a Paola Turbay y su programa Hola Paola, una suerte de magazin  con escasa coherencia pero rating discreto. También podemos destacar la programación de los fines de semana, liderada por Punch en buena parte de ella, con enlatados de diversas pelambres ( Guardianes de la bahía, Clase de Beverly Hills, Melrose Place, La Dama del Oeste), pero todas ellas macheteadas y pésimamente transmitidas, con desfases entre las temporadas respectivas. Si, eso lo heredamos desde hace años.

Y como plato fuerte, en las noches de los jueves, tras el final de una incomprendida Espérame al final, tenemos la novela condenada al ostracismo: El Oasis: protagonizada por Pedro Rendón y una Shakira que trataba de hacerse camino en la capital, a dos años de haber figurado con “Magia”. Se notaba lo mal asesorada que estaba la pobre, porque esta novela , lejanamente inspirada en la desgracia de Armero, era de lo más ridículo que se pudiera ver. La barranquillera sacó disco ese mismo año, que nula figuración tuvo en radio. Y tanto se avergonzó de su actuación, que llegó a bloquear su retransmisión (Bueno, con la crisis de Cenpro en el 2000, todo era posible)

En la radio, 1993 nos dejó de cal y de arena. El éxito de los Clásicos de La Provincia de Carlos Vives y el esperpéntico disco de Amparo Grisales. A Vives le siguió un clon de barata factura y deprimente recordación: Tulio Zuluaga. En el 93, también vimos otras abominaciones radiales como Zangre Q-agulada, de la mano de Memo Orozco.  Eran los años en que Radioactiva y 88.9 competían por el liderato de la radio juvenil, pulso que lideró la primera, ante su expansión a ciudades como Cartagena. Pero todos los sistemas se pervierten, y luego veremos porqué…

En el 93 salió a la Luz la entonces señorita Bogotá Carolina Gómez, en medio de un reinado plagado por el escándalo de la Señora Amazonas: El engaño a las directivas del reinado, todavía al mando de Doña Tera,  a las autoridades del Amazonas ( que venía de haber coronado a Paula Andrea Betancur en 1992) y su salida digna de una película de Hollywood del tercer piso del Hotel Hilton, fueron la cereza en el postre de un año convulsionado, que a la par de contar con el operativo que dio muerte a Pablo Escobar, también tuvo inteligentes propuestas televisivas como Señora Isabel, que trató temáticas hasta ese entonces tabú.

Bueno, este es el recorrido del 93. Parafraseando al difundo padre García-Herreros, y por inspiración de un lector: Dios mío, en tus manos encomendamos la basura que ya pasó, y los bodrios que llegan.

He de decir que me siento muy halagado de que este ejercicio histórico-reflexivo haya despertado tantas opiniones, muchas de las cuales se verán reflejadas en los futuros artículos.