El Joe, la herencia, episodio 14: libro reaviva la polémica por muerte de Joe… con detalles retorcidos

Viene el episodio mas altisonante de este culebrón de la vida real. El periodista Mauricio Silva, lanzó ¿Quién mató al Joe?, un libro que plantea en cien páginas la hipótesis de que personas cercanas al artista -específicamente su viuda Jacqueline Ramón y su mánager Luis Ojeda- pudieron acelerar la muerte del artista, a los 55 años, al no respetar los cuidados que le sugerían los médicos y obligarlo a estar en tarima, incluso, cuando su estado de salud era crítico.

Silva, autor también de El centurión de la noche, que recoge la historia de vida de Arroyo, comenta que se encontró con un par de situaciones que lo hicieron seguir la historia del Joe porque le parecían sospechosas. “Por un lado, en los primeros meses de 2011, el empresario de conciertos Ángel Thorrens dijo en El Heraldo: ‘El Joe está siendo explotado por su mujer y su mánager para sacarle plata’. Por otro, en los dos últimos meses de vida su tragedia se hizo más evidente al ver que el mánager y su esposa daban versiones sobre la salud del cantante que no coincidían con la verdad”, dice Silva.

Esto llevó al periodista a entrevistarse con personas cercanas a Arroyo, familiares y amigos y -con base en opiniones recogidas- a afirmar que su muerte pudo evitarse. “Tal y como lo comprueba su historia clínica -agrega Silva-, el Joe debió haber estado quieto muchos años antes de su muerte. Y no solo no lo ayudaron a parar, sino que firmaron contratos cuando estaba muriéndose en el hospital. Había intereses sobre su patrimonio, incluida su obra. Y quienes lo cuidaban hicieron lo contrario a lo que sugerían los médicos”.

Entre quienes lo cuidaban estaba, claro, su última esposa, Jacqueline Ramón. Al plantearle algunas de las afirmaciones que aparecen en el libro, Ramón responde que todo tendrá que ser demostrado judicialmente. “Que yo sepa, nadie explota a nadie si la persona está consciente -dice Ramón-. Y durante toda su vida, el Joe estuvo consciente”.

El Joe Arroyo que muestra el libro de Silva es una persona falta de carácter, que se dejaba dominar por los demás, sobre todo si eran mujeres. “Una persona inestable emocionalmente, primero debido a la ausencia de figura paterna, y luego -hasta su muerte- por cuenta del suplicio en el que se le convirtieron sus relaciones sentimentales. A esto hay que agregarle algo que estropeó radicalmente su vida: la drogadicción”.

Según narra el libro, el cantante consumió bazuco durante 34 años seguidos, incluso hasta pocas semanas antes de morir. A esta droga le sumaba marihuana y la llamada ‘piedra’, que no es otra cosa que el crack gringo (un derivado de la cocaína que se obtiene mezclándola con bicarbonato, agua y hielo).

Si por más de la mitad de su vida estuvo metiéndole eso a su cuerpo, cabría suponer que el mismo Joe fue quien mató a Joe. Afirma Silva que “(…) Joe era un tipo débil, pero no creo que él se haya buscado su muerte -responde Silva-. Lo que pasa es que terminó desesperado cuando se vio derrotado. Y ahí es cuando le dice a uno de sus mejores amigos, Chelito de Castro, que se quiere morir.  El libro presenta varios testimonios que concuerdan con la versión de Castro, como los del cantante Checo Acosta y Adelita Arroyo, una de las hijas de Joe, quienes afirman que el cantante fue separado de sus amigos y familiares durante los últimos años, al punto de no dejarlo pasar al teléfono, no permitirle visitas y hacerlo permanecer en su casa y con las puertas cerradas con llave. Adelita lo describió así:

“Un sábado mi papá me llamó y me dijo que estaba solo, encerrado, que por favor fuera a verlo. Yo me fui para allá y, cuando llegué, una vez más me encontré con mi viejo literalmente entre rejas. Jacqueline solía hacer eso: cuando mi papá estaba dormido, ella se iba y lo dejaba todo el fin de semana encerrado en el apartamento. Cerraba la reja exterior de la puerta con candado. Aquella vez él me lo hizo saber: ‘mira en lo que terminé, encerrado en mi propia casa, como el preso'”.

Jacqueline Ramón dice que todo eso es falso, que Joe salía a la calle, que se veía con sus hijas y que así lo pueden confirmar en muchos lugares de Barranquilla adonde iban. “Si afirman que yo lo encerraba, pues que me lo demuestren. Nadie separa a nadie. Cada quien escoge sus amistades, y Joe era autónomo en sus decisiones”, agrega su viuda. Ella contratataca señalando que “(…)Hay muchas personas envidiosas con la vida del Joe. Cuando yo entré en su vida, me las encontré. ¿Por qué estos supuestos amigos hablan y hacen todo ese show ahora y se callaron cuando él estaba vivo?(…)”

El otro personaje sobre el cual se despiertan interrogantes en ¿Quién mató al Joe? es Luis Ojeda, su mánager desde el año 2000 hasta su muerte. Ojeda, que entró a la Orquesta La Verdad en 1985 como animador, es descrito en el texto como una persona blanda que sirvió a los intereses de Ramón, entre los cuales estaba la firma de conciertos, pese a la mala salud del artista. “Por ejemplo -dice Silva-, en 2010 el Joe estuvo hospitalizado y, en medio del drama, Ojeda tuvo el descaro de insinuarles a las hijas del artista: ‘Ustedes, que tienen buena vara con los doctores, ¿por qué no le preguntan cuándo estará listo el man para cuadrar los contratos?”

Según las historias clínicas a las que tuvo acceso el periodista, Arroyo tenía una suma de males crónicos que fueron descritos de esta manera: angina inestable de alto riesgo, lo que evidenciaba un serio compromiso cardiaco; diabetes mellitus tipo 2, neuropatía, nefropatía diabética (es decir, que el riñón había sido afectado por los altos niveles de azúcar), afección de pulmón e isquemia en el corazón. Ante esta suma, dice Silva, el cantante debía bajar su nivel de vida y, sin embargo, lo que hacía era ir de la cama a la tarima. Otra afirmación que vuelve a negar Ramón, quien asegura que el Joe recibió todos los cuidados médicos que necesitó, aunque reconoce que él mismo era quien pedía seguir ante el micrófono. “Decía que quería morir en una tarima -dice su viuda-. ¡Y quién podía quitarle esa voluntad!”

Sea como fuere, el abogado Abelardo de la Espriella -que defiende los intereses de las hijas de Arroyo- demandó a Jacqueline Ramón por el cargo de homicidio preterintencional, entre otros. “La señora Ramón sabía que al explotar al Joe como lo hizo, conociendo la precariedad de su salud, podía llegarle a causar la muerte, y aun así no cesó en su empeño -dice Silva-. Cuando consulté a De la Espriella, él aclaró: ‘Es evidente que la denunciada podía haber previsto el resultado de su criminal actuar y no hizo nada por evitarlo'”.

Además de esto, investigarán el estado de los derechos de las canciones de Arroyo, cedidos a la sociedad Joeson Music, que Jacqueline Ramón y su hermana, Marianela (como suplentes), constituyeron con Arroyo. “Lenta y metódicamente, transfirieron su obra y todo tipo de bienes a una sociedad que Arroyo firmaba en lamentables condiciones físicas y mentales”, insiste el periodista.

Ramón dice que hasta el momento no ha sido informada ni citada por la Fiscalía, pero que está lista para responder, así como “para demandar al autor del libro y a quienes ahí hablan porque todo lo que afirman es mentira”. Mauricio Silva se mantiene y se arriesga a decir que, si otra hubiera sido la historia, el Joe podría estar hoy frente al mar viviendo de su fama y su fortuna.

Pero no, señores lectores, todavía hay mas detalles retorcidos que contar en este capítulo, y que hacen parte de las revelaciones del mismo:

1. Según varios testigos, la última esposa del Joe, Jacqueline Ramón (protagonista del libro), tiene un hijo con Diomedes Díaz. (bueno, esto último ya lo sabe Raymundo y medio mundo… que en la novelita pecueca de RCN no lo hayan querido tratar, es otra cosa)

2. Cansada de los maltratos de Jacqueline Ramón -quien incluso llegó a ordenar que no le sirvieran comida en su casa-, Adelita Arroyo (quien vivía con su papá y su madrastra), quiso quitarse la vida al tomarse veinticinco pastillas de Dormicum y cuatro pastillas de Xanax. El Joe fue quien la encontró y la salvó. Eso explica porqué ahora Adelita está en contra de la señora Ramón

3. En enero de 2008, lejos de su familia y de la prensa, al Joe le hicieron trasplantes de las arterias femorales en la clínica cardiovascular Santa María de Medellín. Estuvo a punto de morir y esa información, en principio, se la ocultaron a sus hijas y todo el país. Hasta ahora nos desayunamos

4. En abril de 2008, Juanes decidió ofrecerle a su esposa (Karen Martínez) una fiesta en Cartagena a la cual invitó al Joe. Allí le dijo a su ídolo que quería invitarlo a cantar una canción en su próximo concierto, con el único fin de que el pueblo lo ovacionara. Lo que Juanes no podía esperar era que, días después, aterrizara en su oficina una factura, con cara de cotización, por la suma de cinco millones de pesos. ¿Y quiénes enviaban esa cuenta? Pues la señora Ramón y el señor Ojeda. Casi nadita…

5. Preguntado por los músicos de la banda sobre la salud del Joe -cuando terminaba hecho un guiñapo luego de los escenarios-, el manager Luis Ojeda respondía: ‘Eso no es nada, no le paren bolas, al man le dan bajones de la presión pero vuelve y se compone’ o frases como ‘lo del Joe es una gripa’. Pero esto no lo cubré la prepagada…

6. Jacqueline Ramón confiesa en este libro que, en efecto, sabía que el Joe estaba andando con el 40 % del corazón desde 2008.

7. Buena parte de los derechos de las canciones del Joe Arroyo fueron cedidos a la sociedad Joeson Music, que Jacqueline Ramón y su hermana, Marianela Ramón -ambas como suplentes- constituyeron con el propio Álvaro Arroyo González -como principal-. Lo sorprendente del asunto es que el documento de constitución, de 2001, reza: “El suplente asumirá las funciones del principal en caso de incapacidad física mental de carácter definitivo o muerte del principal”.
Tan previsivas las señoras, ¿verdad?

8. Por fortuna, no todo fue tristeza en la recta final de la vida del cantautor. El 2 de julio de 2008 nació Tania Silva Arroyo, su primera nieta, hija de un joven argentino llamado Martín Silva y de su hija Adela. Entonces, como una inyección de júbilo, el Joe tuvo un último motivo para vivir. Siempre pedía que le llevaran la niña, que
permaneciera a su lado y que se quedara el mayor tiempo posible en su casa, precisamente por lo cual Adelita se volvió a acercar a ese hogar, más allá de la mala onda que destilaba Jacqueline. Y gracias a que Tania II se convirtió en el idilio final del Joe, este recobró su brillo natural, no sólo por la llegada de la bebé, sino porque él mismo, aconsejado por sus hijas, dejó de trabajar por un tiempo y se quedó más en casa. Incluso no quiso grabar con la Orquesta Filarmónica de Bogotá la versión del himno de su canto “Rebelión”, en julio de 2009, porque sabía que su voz ya no era la misma.

9. Lo que sí hizo fue aceptar la invitación de Samuel Moreno, por ese entonces alcalde de Bogotá, a la presentación de la Filarmónica en Salsa al Parque, a la que asistió el 11 de agosto de 2009. Sin embargo, los 2.600 metros de altura de la  capital le sentaron mal y volvió a recaer en un hotel capitalino donde lo vio un médico. Nayalive recuerda que para los días de amor y amistad, después de su “maluqueada” en Bogotá, se presentó sin mucho éxito en el Country Club de Barranquilla. Allí, Arroyo le confesó a sus hijas que estaba terriblemente cansado de ese trote y que quería parar, pero que ellos -se refería a Ramón y a Ojeda- le decían: “Tranquilo, vamos a bajarle a la cosa”, pero que al día siguiente llegaban cinco contratos más, todos ya firmados.

10 Eykol narró que esa noche su padre le dijo: “Quiero recuperarme, tener un estudio de grabación, seguir cantando pero más poquito, más bien producir música, componer y crear canciones para otros, un asunto más suave, con ustedes, con Mary…” Esa fue la primera vez en la que el Joe dejó ver la posibilidad de reencontrarse con su ex mujer, Mary Luz Alonso. Luego se lo repitió a sus hijas, quienes dicen tener grabaciones en las que Arroyo lo dice clarito: “Quiero volver con tu madre”. De hecho, en diciembre de 2009, tras una visita que les hizo a sus hijas en su casa de la calle 38 en Barranquilla, Arroyo acorraló al amor de su vida y la invitó a cenar. Pero esa cena nunca se dio. “Jacqueline lo tenía muy vigilado y cuando él decía que se iba solo, estoy segura que lo drogaba para que se quedara -acusa la señora Alonso-. Luego me volvía a llamar, me ponía otra cita, y siempre me dejaba metida. Pero él nunca fue así, él no me fallaba. Estoy segura que allá lo drogaban”. Uno de esos  incumplimientos, fue en abril de 2010 cuando el cantante regresó al infierno y vivió uno de los peores episodios de su vida. El Joe reingresó a la clínica con un corazón que prácticamente no le respondía.

Como pueden ver, bien cargadito que vino este capítulo. Y promete darnos un episodio 15, porque la señora Ramón como que ya tomó por moda acudir a los estrados judiciales, como demandada o como denunciante…¿Será que de todo esto le saca segunda temporada la gente de RCN?. En todo caso, esto promete. Y en LaFiscalia.com, estaremos atentos…

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