Diatriba contra el libro de Ingrid Betancourt

Bombardeo mediático hemos tenido en la últimas horas con motivo del lanzamiento de No hay silencio que no termine, el libro de Ingrid Betancourt. Por vía de ejemplo, Semana le dedica su portada, Maria Isabel Rueda dice que “Es mezquino que los colombianos nos propongamos hacer un fracaso editorial del libro de Ingrid Betancourt” y hasta Hector Abad Faciolince se atreve a decir que el libro de Ingrid es gran literatura y los de los otros secuestrados “son una aventura anecdótica”.
Al margen de las odiosas comparaciones, lo cierto es que la misma Ingrid se ha encargado, con sus malas acciones, de tapizar el camino para que su libro sea recibido con no pocas reservas y hasta con desprecio entre algunos sectores. Sinceramente, y a titulo muy personal, NO compraré y mucho menos leeré el libro de Betancourt, y hasta me consideraré ofendido si alguien me lo llega a regalar, habiendo miles de libros mejores que obsequiar. Siento que ya la cuota de mujeres que en obras pseudos biográficas se las dan de “damiselas en problemas” está copada este año con la novela de ciencia ficción de Marbelle.

Y si, me atrevo a hacer tan grotesca comparación, pues ambas son mujeres que despiertan sentimientos encontrados, y en su caso, hacerse las “inmaculadas” en medio de un escenario de “nadie me quieren, todos me odian”, y de “yo salí adelante frente a todo” no les queda.

Molesta al colombiano de a pie, ese que, de pronto, apenas le alcanza el mínimo, llegar a imaginar que una persona que fue privilegiada con educación en Europa (de hecho, ella admite que por eso le fluía redactar su texto en francés y no es castellano), mas allá del sufrimiento natural que produce en cualquier secuestrado, en especial para aquellos por los que ningún gobierno internacional vela, que llevan muchos mas años privados injustamente de su libertad; le lleguen a cobrar de sus bolsillos la indemnización “simbólica” que Betancourt intentó exigir por vía conciliatoria.

Este país que ha vivido escándalos como los de las Chuzadas, AIS, Foncolpertos, Dragacol, el proceso 8000 y demás perlas, donde un impuesto “transitorio y de emergencia” se arraiga mas allá del periodo constitucional establecido y hasta aumenta su base de recaudo (del 2 al 4 x 100), y en ese contexto duele que alguien nos tome por tontos. En la jurisdicción de lo contencioso administrativo no existen las cuantías “simbólicas”. Y seis millones de euros no son una cifra que un apoderado del Estado pueda conciliar así como así, mas cuando fue la misma Ingrid quien se expuso imprudentemente al daño.

Es por ello que invito a hacer oidos sordos ante esta oleada publicitaria que nos quiere embutir hasta por los ojos la obra de un personaje que no dudó en hacer de su secuestro un evento mediático, que ahora posa con apariencia de sufrida, pero no le tembló la mano a la hora de querer desangrar las arcas del Estado, ese que todos pagamos de nuestros impuestos, asi sea para que terminen en ayudas agropecuarias a quienes no la merecen. Si, Rueda, yo quiero ser tan mezquino contra Ingreed. Si Abad, creer que las obras de los otros secuestrados son aventuras anecdóticas es seguir creyendo que en este pais hay secuestrados de primera y de segunda clase, y aun es muy prematuro catalogar la obra de Betancourt como gran literatura, aun cuando te lo diga en un blog de farándula.