Diga NO a los ratings

El problema no son solo los ratings sino en general las encuestas, especialmente ahora en periodo electoral. Mejor, el problema no son en sí las encuestas y las mediciones sino el hecho de que se hagan públicas. Los ratings son mediciones de audiencia de medios de comunicación. Los hacen empresas independientes dedicadas a eso y en algunos casos cuentan con equipos especiales que recolectan la información. Los medios fijan sus precios de pauta basándose en los ratings. Así, el canal o emisora de radio no puede cobrar mucho a los anunciantes por una cuña en un programa con bajo rating, por ejemplo.

Los ratings son una información que unicamente le debería interesar a esos 3 grupos: las empresas de medición (p. ej. Nielsen), los medios de comunicación y por supuesto los anunciantes. Al público en general, a los consumidores, a la gente de a pie no tiene por qué importarle los números de medición de audiencia. ¿Para qué? La difusión de estos números, además por los mismos medios que se ven afectados por ellos, lo único que logra es sesgar al televidente.

Lo mismo sucede con las encuestas políticas. En Colombia la gente siente que si su candidato no ganó entonces “perdió su voto”. Nada mas absurdo pero ese es el pensar del colombiano promedio. Entonces lo que ocurre cuando se dan a conocer las encuestas es que los votantes tienden a alinearse con uno de los candidatos que puntea las encuestas o, peor aun, con el que puntea. Los candidatos aparecen del tercer lugar para abajo pierden toda opción y quedan condenados a unos niveles de voto del 2%, es decir, sus amigos, familiares y unos cuantos simpatizantes. Esto va en claro detrimento de la democracia.

Está bien que las campañas hagan sus encuestas y que se midan los ratings de los medios, pero la publicación de esta información no tiene ninguna utilidad. No hay una buena razón para difundir los resultados de encuestas ni de mediciones de audiencia. Esos enfoques en las estadísticas del mercado (y del votante) lo único que logran es distorsionar el mismo mercado y alterar lo que el mercado (es decir, el televidente) percibe como importante. En el caso de las encuestas, lo único que se logra es alterar la intención de voto de la ciudadanía.

Si usted quiere votar por un candidato X, ¿qué importancia tiene el porcentaje de votantes que piensan hacer lo mismo? Respuesta: ninguno. Si a usted le gusta un programa de televisión, ¿qué importancia tiene el share que tiene ese programa o sus enfrentados? Respuesta: ninguna. La publicación de los números de audiencia lo que logra es que los mismos ratings se vean artificialmente inflados pues muchas personas temporalmente se interesan por un programa unicamente porque vieron que tiene buen rating. Es decir, el rating que genera rating. La encuesta que sube las encuestas.

Absurdo, ¿no?